Exponor, en el mejor momento

Por Juan Ignacio Guzmán

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La industria minera, y en especial la del cobre, vive un periodo de extraordinaria bonanza. Con precios promedio sobre los 430 cUS$/lb, una demanda sostenida que en los próximos años crecería por sobre el 4%, y con Chile firme como el principal productor del metal rojo (y con una cartera de proyectos del orden de US$50.000 millones en esta década), es posible mirar con optimismo el futuro desde una posición de liderazgo mundial.

Pero también es una época de crecientes desafíos, en particular en lo que dice relación con un entorno comunitario cada vez más informado y participante. En este sentido, la minería se ha asumido como agente de cambio, ponderando su rol dentro de un contexto más amplio que lo netamente productivo, entendiéndose como un socio de quienes componen su área de influencia en lo social, económico y medio ambiental para, de esta forma, proyectar también su sustentabilidad en el tiempo.

Esta realidad queda de manifiesto en el presente de la zona minera por excelencia del país y uno de los distritos de esta industria más importantes del mundo: la Región de Antofagasta.

La última encuesta Casen señaló que hoy ésta es la región con menor número de personas en condición de pobreza en Chile. Este índice viene bajando sostenidamente desde los ‘90, con pequeños repuntes a comienzos de la década pasada y en 2009, precisamente en tiempos de bajos precios de los metales. Este dato no hace más que confirmar que el devenir de Antofagasta está férreamente ligado a la actividad extractiva.

Desde la entrada en operaciones de grandes proyectos mineros privados durante la década anterior, los ingresos de los antofagastinos han ido creciendo sostenidamente situándose como los más altos del país. Según un informe de la Superintendecia de Pensiones, el sueldo promedio mensual imponible de un trabajador de esta región supera en un 28% al promedio nacional. Y recientemente han surgido estudios que indican que el PIB per cápita de la Región de Antofagasta está al nivel de países como Nueva Zelanda o Corea del Sur.

En esta historia los habitantes de la región están lejos de ser beneficiarios pasivos. Conscientes de la riqueza sobre la que están parados –literalmente–, han hecho esfuerzos para capitalizar estos recursos, desarrollarse y atraer nuevas inversiones. Iniciativas relacionadas con el desarrollo de proveedores en el marco del Cluster Minero, la reciente invitación a centros de estudios internacionales y la organización de una feria fuertemente minera de resonancia internacional, son algunos hechos que dan cuenta de ello.

Precisamente en junio esta región acoge a un mundo minero ávido de nuevos negocios, nuevos desarrollos y soluciones tecnológicas en la tradicional Exponor. Este año el punto de encuentro será una nueva casa: El Centro Ferial y Recreacional AIA. La moderna infraestructura en una superficie total de más de 112.000 m2 (con 23.000 m2 aproximadamente en galpones), está emplazada a pocos metros del monumento natural Portada de Antofagasta. Se funden así, en una imagen, la tradición y el futuro de la Región de Antofagasta.

Este parque ferial es un proyecto a largo plazo que busca consolidarse como un moderno recinto capaz de cobijar ferias mineras pero, también, de otros rubros, así como eventos culturales y actividades recreativas. De esta manera, representará de manera muy concreta cómo la minería ha sido y seguirá siendo la punta de lanza del desarrollo del norte de nuestro país.

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