(La Tercera) Diecisiete días, a 700 metros de profundidad y encerrados, producto de un derrumbe que colapsó las salidas. Condiciones extremas que para cualquier persona pueden significar el descontrol total. Aún no se sabe qué pasó realmente con cada uno de ellos durante este período, pero ante las noticias de que los 33 mineros estaban vivos, el análisis de los especialistas para explicar la situación apunta a las características propias de quien es minero.
¿En qué estado se encuentran después de pasar más de dos semanas bajo tierra, con recursos limitados y a la espera del rescate? Diferentes especialistas analizan el caso y dan pistas sobre cómo deberá afrontarse el rescate de ahora en adelante.
Mentalizados para aguantar
Un factor fundamental que explica la supervivencia de este grupo por un período tan prolongado está dado por su misma profesión. «En este caso en particular, se trata de personas en cuyo horizonte siempre está la posibilidad de que ocurra este tipo de accidentes», señala el doctor Luis Risco, director del departamento de Siquiatría de la Universidad de Chile.
Esto no sólo tiene implicancias en las acciones individuales,sino que también en la colaboración del grupo para lograr la subsistencia. «Es más probable que haya un estado de cuidado mutuo que el reinado de la ley de la selva», señala, lo que es muy importante, considerando la escasez de medios para subsistir.
Paulo Granata, director del departamento de Emergencias de la Universidad de Chile, señala que en estos momentos el aire del lugar ya debe estar enrarecido y el agua, de ser industrial, carece de los minerales necesarios para mantener en óptimo funcionamiento el cuerpo. «Lo más probable es que de encontrarse con algún mal, este tenga que ver con insuficiencia renal, infecciones como neumonías o descompensaciones», señala el experto.
A su juicio, producto tanto del cansancio como del propio instinto de supervivencia de las personas, actualmente los mineros deberían estar en un estado físico parecido a la hibernación, es decir, cuando el cuerpo trata de guardar la mayor cantidad de recursos posibles. Lo que viene hacia adelante, agrega, es un trabajo que requerirá reanimar tanto física como mentalmente a los obreros atrapados.
Hoja de ruta
Según Rodrigo Figueroa, siquiatra de la unidad de trauma, estrés y desastres del departamento de Siquiatría de la Universidad Católica, salvo la acumulación de estrés que debería generarse en una condición extrema, en este tipo de hechos no debería haber grandes secuelas. «La mayoría de la gente que vive este tipo de situaciones logra adaptarse y no desarrolla problemas sicológicos».
Lo que no implica que haya que descuidar esa parte en los atrapados en el yacimiento San José. Actualmente, los mayores problemas que enfrentaría cada integrante del grupo es con la desorientación por escasa o falta de luz o de referencias temporales, produciendo un efecto similar al «jet lag» que se genera cuando se viaja de un continente a otro.
También se sabe que una estadía prolongada en lugares inhóspitos puede producir un estado confucional, pero los escritos y cartas enviadas a través de las barras del sondaje dan pistas sobre que el estado mental de los mineros es mejor al esperado.
«La nota revela que hay claridad mental para contabilizarse, saben cuántas personas hay, conocen el estado del grupo y saben que los están buscando, por lo que remarcan que se encuentran bien», dice Figueroa. Las cartas también indican que hay luz, por lo que se reduce la privación sensorial, uno de los aspectos más estresantes del estar atrapados.
Todos los expertos concuerdan, eso sí, que en esta segunda etapa deben establecerse rutinas para reducir la incertidumbre de los que están atrapados y así procurar mantener una estadía, que se prevé de al menos 60 días, con el menor impacto posible.
Lo fundamental, dice Figueroa, es establecer rutinas periódicas de información y que siempre sea lo más real posible, para no aumentar la ansiedad de los atrapados. «La incertidumbre sólo aumenta el estrés. Los mineros deben saber que a ciertas horas del día recibirán información del rescate, titulares de diarios y sobre todo, comunicación con los familiares».
En ese sentido, será crucial crear turnos de comunicación con la familia, para mantener al grupo con la moral en alto.
En cuanto a su estado físico, Granata estima que lo más importante es comenzar a entregar los nutrientes y elementos necesarios para mejorar el estado físico de los mineros atrapados. La prioridad, según el médico, debe ser el envío de oxígeno o la utilización de algún sistema que permita limpiar el aire enturbiado. También, se debe comenzar por el suministro de agua salinizada y glucosada para mantenerlos no sólo hidratados, sino además con energía.
Pero una vez cubiertas las necesidades inmediatas, hay que comenzar a preparar a los 33 hombres para que puedan soportar los meses que quedan para el rescate definitivo. «De ahora en adelante hay que hacer un diagnóstico nutricional, darles todo lo necesario para mantenerse. Una rutina de actividad física será crucial para no atrofiar los cuerpos», comentó el especialista.
Problemas y cuidados
Contexto: la información sobre el mundo exterior reduce el estrés de los mineros.
Letargo: ante una situación de sobrevivencia, el cuerpo inicia un ciclo de «hibernación», para reducir el gasto de energía.
Costumbre: al ser un grupo y un lugar conocidos, la supervivencia se hace más fácil.
Nutrición: minerales y glucosa deben ser suministrados hasta el día del rescate.
Fuente / La Tercera