(La Tercera) Carlos Barrios Contreras, empalizador minero y tierramarillano de 27 años, se refiere a las mujeres como «los cuerpos». Lo ha hecho siempre. Así, por lo menos, lo aseguran sus amigos de las tres poblaciones en que ha vivido -Cancha y Carrera, Luis Uribe y Paipote-, con sus bisabuelos, sus abuelos, la madre de su hijo Alexander -de 5 años-, su tío Pedro Contreras y su padre, Antenor.
«Miren, me está llamando un cuerpo», le dijo el domingo 1 de agosto a su tío Pedro y a su compadre, Víctor Zamora, sentados en el polvoriento camarín del estadio de Tierra Amarilla, mientras les mostraba la pantalla de su celular. Los tres se preparaban para jugar la final comunal de fútbol amateur en la cancha de tierra ubicada en la recta, pasadito el cementerio.
«Cache, tío, me siguen llamando los cuerpos. No me dejan tranquilo», insistió Barrios, exhibiendo su celular. Contreras ya se calzaba los guantes de arquero y optó sólo por devolverle una sonrisa.
No habían sido buenos años para el Peñarol, histórico club de la zona. Pero la llegada a la presidencia del «Negro» Zúñiga -un microempresario minero conocido en la comuna- posibilitó el arribo de nueve figuras de otros clubes, tras desembolsar 14 mil pesos por cada uno de sus pases.
Entre los refuerzos destacaron Osvaldo «Chanchito» Fuentes y Miguel Cordero, quienes incluso llegaron a probarse en Huachipato, según cuentan. Pese a tal aluvión de talento, Carlitos Barrios -fiero volante tapón o lateral izquierdo, dependiendo de la ocasión- y Víctor Zamora -delantero de área neto, con una capacidad de finiquito aún por pulir- no perdieron sus puestos. Pedro Contreras, en tanto, no tuvo problemas porque a nadie se le ocurrió buscar un nuevo arquero.
La campaña tuvo altibajos, pero una feliz racha de triunfos los ubicó en la lucha por el título, en la primera temporada del «Negro» Zúñiga.
El domingo anterior a la tragedia de la mina San José, Peñarol y O»Higgins disputaron la final del torneo comunal de Tierra Amarilla. En la cancha, y como titulares, jugaron Barrios, Zamora y Contreras, tres de los mineros que más tarde quedarían atrapados.
Hacia el final del partido, cuando la cuenta favorecía a O»Higgins por 5-3, un delantero del equipo patriota, apodado el «Makanaky», gestó un contragolpe que terminó con su aparatosa caída tras un violento cruce de Barrios.
El árbitro de la brega, Ricardo «Conejo» Zamora -también minero-, no le dio muchas vueltas al asunto y expulsó a Barrios.
Carlitos se fue a negro y quiso pegarle al referí. Sus compañeros lo contuvieron y lo obligaron a largarse cuanto antes y «sin hacer más atados». Se quedó al borde de la cancha gritando garabatos. Tras el partido, Barrios y Vargas se fueron sin decir palabra. Contreras echó un par de tallas, pero nadie le hizo caso.
Luego vino la tragedia. Del Peñarol le han mandado saludos a Barrios. Asimismo, a petición de una amiga, le enviaron una misiva de sus admiradoras de Tierra Amarilla. «Vamos a tener que sacar hora para verte, porque todos tus «cuerpos» te estamos esperando», decía el mensaje.
Saludos después de la ducha
Cuatro días después de la final futbolera, ocurrió el accidente en la mina. Más de tres semanas más tarde sus familiares pudieron ver el video filmado en las profundidades, pero Carlitos no aparecía. Eso, hasta que Mario Sepúlveda -el improvisado locutor- relató la llegada de un montacargas y podía verse a Carlitos saludando desde el canastillo del vehículo, tras bañarse en una vertiente a 200 metros de distancia. También confesó que «le explotó la muela del juicio» y que el suplicio ha sido propio del medievo.
Su padre, Antenor, habló el domingo con él durante 20 segundos. Carlitos, el eterno descreído, cuenta, se ha puesto más religioso que nunca. Sus parientes le hicieron llegar una linda carta con saludos y palabras de aliento. El «Conejo» Zamora -el implacable juez de la final- también le hizo llegar sus respetos.
Fuente / La Tercera