(La Tercera)Desde hace menos de 10 días, Australia tiene por primera vez una primer ministro mujer. Su ascenso hasta lo más alto de Canberra, la capital del país, se dio a costa del otrora popular Kevin Rudd. En 2007, éste llevó al Partido Laborista australiano (ALP) al poder por primera vez desde 1996. Pero unas internas en el ALP el pasado 24 de junio lo destituyeron, tras una disputa con la industria minera del país.
Ahora quien está a cargo es Julia Gillard, la segunda al mando en el Partido Laborista. Los reclamos de las mineras hallaron eco tanto en trabajadores como en políticos, incluso del mismo partido de Rudd, lo que derivó en Gillard siendo elegida nueva primer ministro. En su primera aparición botó la bandera de lucha de Rudd y declaró que quería negociaciones sensatas y de mutuo respeto con las mineras. A poco más de una semana de elegida consiguió el acuerdo, con varias concesiones, y las firmas ya anunciaron que retomarían sus planes de inversión.
Las propuestas
La campaña del ex primer ministro comenzó poco después de la iniciada por el Presidente Piñera en Chile para ayudar a financiar la reconstrucción, donde anunció un alza del royalty. El impuesto específico a la minería es de 5% en Chile y la fórmula propuesta por Piñera extiende la invariabilidad tributaria hasta 2025 (el ex Presidente Lagos les prometió hasta 2017 al instaurar el royalty, en 2005), con la condición de aumentar el gravamen por dos años, en base a una tasa que oscilaría entre 4% y 9%, según períodos de baja y alta rentabilidad (ver recuadro).
Rudd fue más ambicioso. El político alegó que los últimos cinco años de boom en el mercado de los commodities provocaron que las mineras hayan pagado impuestos por una cuantía mucho menor a la «justa». Rudd decía que la fracción de las utilidades de las mineras recaudada como royalties cayeron de 40% a 12% en los últimos cinco años; si tal fracción se hubiese mantenido estable (en 40%) se habrían recaudado US$ 30.000 millones más.
Australia recauda US$ 6.000 millones al año en royalties mineros, con una tasa que se mueve en un rango hasta 5%, dependiendo del metal y del estado. Rudd propuso elevar esa suma, agregando un impuesto de 40% a las utilidades de la industria, de forma retroactiva además. De inmediato, el sector minero se opuso al tributo, argumentando que trabaría el desarrollo de la industria, conduciendo a que nuevos proyectos y la creación de trabajo se desplacen hacia afuera del país.
El costo sería grande: analistas calcularon que el nuevo impuesto reduciría las ganancias de BHP en 19% y, las de Rio Tinto, en 30%. Rudd proponía poner en rigor el nuevo impuesto en julio de 2012, recaudando casi US$ 10.000 al año, un 0,8% del Producto.
Sin embargo, sus planes se fueron a piso cuando el viernes su sucesora, Gillard, anunció un acuerdo con las mineras. Un nuevo impuesto de 30% se aplicará a la minería del hierro y carbón y no de 40%. Además, éste se activaría sólo cuando la rentabilidad superen el 12%, versus la propuesta de Rudd de 6%. Tampoco será retroactivo. El Fisco, en tanto, recaudará menos: US$ 8.900 millones, unos US$ 1.300 millones menos que con el plan de Rudd. Otro tema que ayudó a zanjar el asunto es que mientras la nueva propuesta se basa en valores de mercado y no en el valor libro que proponía Rudd, suavizando el impacto en las mineras.
Después de amenazar con renunciar a nuevos proyectos, BHP y Rio dijeron el viernes que el acuerdo con Canberra era satisfactorio, en tanto que la inglesa Xstrata, la cuarta mayor minera de cobre, comunicó que reanudaría sus planes de inversión inmediatamente.
Distintas fórmulas
El esfuerzo de reconstrucción en Chile hizo al gobierno de Piñera plantearle a las mineras un nuevo royalty, que variaría entre 4% y 9%, dependiendo del margen operacional de las compañías.
Este es sólo un mecanismo más de una multiplicidad de formas de aplicar el royalty en distintas partes del mundo.
En Perú, el presidente Alan García modificó en 2008 la normativa vigente desde 2004, en el sentido de que el gravamen se aplicaría sobre la riqueza que genera la minería, en lugar de cuánto material remueve.
En Canadá, cada provincia dispone de distintas tasas de royalty. Lo mismo sucede en Australia, donde hay también diferentes tasas para un mineral dependiendo de cuál, de entre seis estados, lo está gravando. En Western Australia, por ejemplo, el royalty al cobre vendido como concentrado difiere de la tasa del cobre vendido en forma metálica y, ésta, del cobre vendido como un subproducto de níquel.
Fuente / La Tercera