Al ministro del Trabajo, Osvaldo Andrade, las balas le pasan silbando cerca, pero no lo impactan; sus adversarios se levantan furiosos pero ceden y aquellos que ayer le apuntaban por «entreguista» y doble discurso, hoy corren a abrazarlo frente a las cámaras.
Partió la semana recibiendo golpes desde todos los flancos: por «avivar la cueca» en Codelco, por embestir al equipo político de la Moneda, por complicar la gestión Arellano.
Pero pasaron tres días, se apareció en el acto del 1 de mayo, se abrazó con Martínez, fue felicitado por Cuevas y, recién acabado el feriado, se convirtió en uno de los actores de la Moneda para desactivar el conflicto.
«Dio un paso atrás para tomar impulso y dar dos adelante», dicen sus cercanos, que se solazan con la capacidad del ministro para pasar en cosa de horas de «hombre conflicto» a «hombre solución»; granjearse el apoyo del sindicalismo duro -aquellos que no veían con buenos ojos la colaboración mutua que exhibe con Martínez- y ganar cuotas grandes de popularidad.
Es el estilo del hombre de la semana, que ocupó más titulares, ofreció más entrevistas, se paseó por la Alameda con los trabajadores y fue collera de Pérez Yoma para conseguir que la CUT ayudar a La Moneda para negociar la desactivación del conflicto de los subcontratistas.
La muñeca y la fortuna
Esta capacidad de salir bien parado tiene larga data. En 1973 -y desde la completa «irracionalidad», recordó el mismo en una entrevista- encabezó a un pelotón de veinte militantes de las Juventudes Socialistas que intentaron asaltar un retén de Carabineros para tomar las armas y socorrer a Allende. El retén ya no existía y no tuvo que entrar en combate.
En lo sucesivo, la fortuna lo siguió acompañando. Sobrevivió a la reclusión; fue expulsado de Derecho en la Católica, pero los buenos oficios de su amigo, Jaime Guzmán, le permitieron retomar sus estudios; fue abogado de la Pastoral Obrera y trabajó con sindicatos mucho antes de convertirse en ministro del Trabajo.
Hasta la consolidación de la Nueva Izquierda como fuerza dominante del PS, deambuló entre puestos de mediano tonelaje. Fue asesor del alcalde Sadi Melo en la comuna de El Bosque y aspirante recurrente a cargos de subsecretario e intendente. En 1996 comenzó a intuir que la correlación de fuerzas cambiaba en el PS y en una entrevista que concedió a un medio aventuró que en diez años más estaría «participando en el gobierno posterior al de Lagos».
Se le atribuye haber sido uno de los impulsores de la iniciativa de bajar a Viera-Gallo de la senaturía en la Octava Región para entregársela a Alejandro Navarro, lo que a la postre facilitaba el «doblaje» a la derecha.
Por qué la CUT
Su trato preferente con la CUT es otro rasgo característico de su gestión.
Varios dirigentes sindicales dicen que el ministro ve a la Central como un referente político más que sindical (la elección del PS habría explicado algunas de sus decisiones de las últimas semanas) y alegan que la cercanía que tiene con Martínez le permite mantener cierto grado de control sobre los niveles de agitación social.
Otros cercanos destacan un cierto afán del ministro por rodearse de lideres débiles, que no amenacen sus posiciones. De hecho, ninguno de sus colaboradores en el Ministerio puede exhibir experiencias previas en materias laborales: los subsecretarios Zarko Luksic y Mauricio Jélvez, la directora del Trabajo Patricia Silva son nuevos en estas lides.
Le incomoda, además, que el trabajo del Consejo de Equidad genere expectativas que interfieran con los propósitos del ministerio. Se ha encargado de aclarar entre los ministros del área política que la agenda laboral no ha tenido ningún cambio y que quien manda no es la Comisión, sino el gobierno.
¿Y el Andrade candidato? Su única incursión electoral fue el 2001, como aspirante a diputado en el distrito 27 (La Cisterna, El Bosque, San Ramón), donde llegó tercero tras Iván Moreira y Eliana Caraball. A medida que avanza el gobierno se ha ido afirmando como un potencial candidato del partido socialista en muchas circunscricpiones o distritos y está por verse si se decide a salir de la cartera para someterse a las urnas.
En la universidad ya tenía la capacidad de dialogar con opuestos ideológicos: fue cercano a Jaime Guzmán.
Coincidió en Derecho de la Católica con los senadores UDI Juan Antonio Coloma y Andrés Chadwick y pudo hacer carrera política al alero de Camilo Escalona.
En ese momento, Andrade no exhibía el carisma de hoy, recuerdan sus compañeros. Coloma estaba en primero y Andrade en quinto, pero de todos modos el senador de la UDI lo recuerda por sus cualidades como basquetbolista más que como líder de la izquierda universitaria. Reconoce, eso sí, lo llamativa que resultaba la cercanía de Andrade con Guzmán, pese a sus insalvables diferencias políticas.
Fuente / El Mercurio