(El Mercurio) Los buenos precios internacionales, el favorable clima de inversión y las positivas perspectivas de exportación han llevado a un verdadero auge de la minería en el norte del país.
Pero esta mayor actividad también tiene sus complicaciones: las mayores inversiones se concentrarán en la zona norte, que tiene los suelos más ricos en minerales, pero también los más secos. Y en estas regiones el consumo de agua del sector subirá un 45% entre los años 2009 y 2017.
«Y esa agua no está, y sin agua no puede haber minería», explica Raymond Phillipe, director de Hatch Water, empresa especializada en servicios y consultoría para la minería.
Es que, agregan en la Sociedad Nacional de Minería (Sonami), el 20% de la demanda adicional a 2017 vendrá de la segunda región, la que tiene al sector minero con mayores requerimientos hídricos del país, y que a 2010 llegan, según datos de Cochilco, a los 5.408 litros por segundo, un 44% de lo que consumieron en conjunto las siete regiones mineras ese año. Esa región es, además, la que menos agua dispone: sólo 52 metros cúbicos por persona al año, según un informe del Banco Mundial.
Para Carlos Guajardo, gerente de Medio Ambiente de la Sonami, el problema no es necesariamente la falta de agua, «porque en Chile sí hay agua», sino que «la falta de este recurso que hay en el norte del país: éste no es un problema de escasez, sino que de mala distribución», dice el experto.
Según el banco Mundial, el 99% de la disponibilidad de agua por persona del país se concentra en regiones del sur, que no son intensivamente mineras (ver gráfico), mientras que el 1% restante debe repartirse entre las seis primeras regiones del país.
Ante esto, una de las soluciones podría ser la llamada «Carretera del Agua». Esta iniciativa -que está en pleno estudio de prefactibilidad técnica por la Fundación Chile y el grupo francés Vinci- implicaría la instalación de un tubo submarino que trasladaría grandes cantidades de agua dulce entre los ríos de la zona centro sur del país, en donde hay grandes disponibilidades de agua, hacia las regiones mineras.
Pero mientras esta carretera no sea una solución concreta el panorama se ve complejo.
Hoy la eficiencia en manejo de este recurso ha subido en hasta 57% en la última década. Por ejemplo, el 35,2% del agua que usó BHP Billiton en Chile en 2011 fue reciclada.
Pero el ahorro no mejora el panorama cuando el problema es que los US$ 104 mil millones en inversiones que espera el sector a 2020 no tienen agua asegurada para su operación.
Agua del mar: la otra alternativa
Hoy, una de las soluciones que está más avanzada es el uso de agua salada en las faenas. El mar es hoy la única fuente renovable y prácticamente inagotable del elemento, ya que representa el 97,5% del recurso hídrico que existe en el planeta.
El mayor yacimiento que usa en Chile esta tecnología es la Minera Esperanza, que se ha convertido en un referente para la industria: Codelco ha mirado esta tecnología, Teck Cominco tiene dos proyectos diseñados para utilizar agua de mar para su operación: Quebrada Blanca Fase 2 y Relincho. Escondida también está en pleno proceso de un proyecto de desalación para sus faenas
La tecnología usada por Esperanza implica el traslado desde el mar pero, también, el desalamiento de un porcentaje del agua porque, como explica Raymond Phillipe, hay procesos en los que es imposible usar agua salada.
El gran problema, explica José Tomás Morel, gerente de Estudios del Consejo Minero, es que ésta es una tecnología altamente intensiva en energía -el otro gran dolor de cabeza del sector-, «principalmente por la impulsión del agua desde el mar hasta las faenas, que habitualmente están lejos y en altura».
Por eso es que al sector minero lo complicó tanto el proyecto de ley presentado por un grupo transversal de diputados, que obliga a grandes explotadores mineros a la desalinización de agua para sus procesos productivos.
Primero porque, tal como está redactado, permite expropiar los derechos de agua «liberados» por el uso de agua del mar, pero también porque obliga a la utilización de un proceso que no es el más eficiente para todos los yacimientos, dejando fuera otras fuentes hídricas «que sí son factibles de usar por algunas mineras», explica el diputado Mario Bertolino (RN), quien presentó el proyecto, pero que luego retiró su firma para poder «mejorarlo».
«Pero la ley no es el mejor camino para solucionar los problemas de disponibilidad de agua, lo que se tiene que facilitar es el uso de los recursos», dicen en la industria.
30% de la inversión de un proyecto minero puede alcanzar el costo de instalación de plantas que aseguren el suministro hídrico en las faenas, según estimaciones de la industria.
US$ 1,2 cuesta, en promedio, un metro cúbico de agua salada en la minería (dependiendo de factores como la lejanía y la calidad del agua), versus los US$ 2,2 que cuesta el agua desalada.
Fuente / El Mercurio