(La Tercera) Desde la década de los noventa que la norteamericana Duke Energy quería ingresar al mercado eléctrico chileno. Y el año pasado lo logró, tras adjudicarse la licitación de la central Campanario de 240 megawatts (MW), hasta ese momento en manos de Southern Cross, y de los activos hidroeléctricos de CGE, grupo al que compró Ibener (140 MW). Con 380 MW en operación, se transformó en el cuarto operador del Sistema Interconectado Central (SIC, que abarca de Taltal a Chiloé), tras Endesa, Colbún y Gener. Tras una inversión que suma US$ 500 millones, la multinacional quiere más, explica su director comercial para Argentina y Chile, José Tierno.
Es que el mercado local, afirma el ejecutivo desde Buenos Aires, es parte de la estrategia de crecimiento internacional de la compañía. “Estamos abocados a la búsqueda de nuevas oportunidades para aumentar nuestra presencia”, dice. También están analizando distintas opciones para aumentar el mix de generación de energía en Chile. “La compañía tiene planes de seguir creciendo. Por eso analizamos proyectos en diferentes etapas de desarrollo”, asegura.
Agrega que no están discriminando la tecnología para la generación de energía. “La adquisición del complejo Duqueco -que incluye las centrales de pasada Peuchén y Mampil compradas a Ibener- es señal clara de nuestra apuesta por los desarrollos hidroeléctricos. Chile es un país con disponibilidad de recursos hídricos y la idea es seguir invirtiendo en centrales de generación de energías competitivas, que son fundamentales para la sostenibilidad de la matriz energética. De todas maneras, no descartamos ninguna tecnología. También consideramos las energías renovables no convencionales”, explica.
Además, el ejecutivo no descarta que Duke opere como un comprador de gas que provenga de un terminal de Gas Natural Licuado (GNL) en el país. “Somos tomadores de gas natural para procesos de generación eléctrica”, apunta. Con esto, la compañía descarta traer a Chile shale gas (gas convencional) que Estados Unidos está potenciando y que Chile mira con atención. “No participamos en exploración ni explotación de hidrocarburos”, subraya.
Política consensuada
Duke es el cuarto actor en el mercado estadounidense y está presente en el negocio de generación, distribución y transmisión. Su capacidad instalada llega en la actualidad a 35 mil MW en Carolina del Norte, del Sur y los estados del medioeste. Con una valorización bursátil de US$ 49.072 millones y ventas que en 2012 llegaron a US$ 19.664 millones, es controlada en 50,5% por inversionistas institucionales entre los que están State Street Global Advisors, Black Rock Institucional Trust Company y Capital Research Global Investors.
En América Latina, su presencia abarca operaciones en Brasil, Perú, Guatemala, El Salvador, Ecuador y Argentina. Y gracias a la capacidad instalada que posee, Chile pasa a ser el cuarto país de mayor generación para la multinacional en Latinoamérica, donde maneja 4.300 MW. “Se trata de uno de los países más estables y atractivos para invertir en la región. Justamente por ello hemos decidido ingresar como actor en la industria”, reitera.
La firma no considera que la fragilidad que hoy muestra la matriz energética chilena sea una barrera para el desarrollo de nuevas iniciativas. “Creemos que cada país necesita reflexionar sobre su política energética y Chile no es la excepción, ya que el crecimiento del país y el aumento de la demanda requieren de una necesaria planificación. Entendemos que existen desafíos por resolver y que en la medida en que se propongan soluciones y alternativas, podremos contribuir a una mayor competitividad en el sector. Es necesario reflexionar sobre las demandas actuales y futuras, en un diálogo abierto entre las autoridades, los actores privados y la comunidad”, reflexiona.
Ex Campanario
La prioridad de Duke ahora es operar “de manera eficiente” los activos adquiridos. “Nuestro primer desafío en este país, que fue ingresar y posicionarnos en el mercado chileno, lo estamos cumpliendo con éxito”, dice.
La norteamericana conoce bien los problemas financieros que vivió la central Campanario -a la que rebautizó como Yungay- debido a la compra de energía a un alto precio en el mercado spot, con el objetivo de cumplir con sus compromisos de abastecimiento con las distribuidoras CGE y Saesa. Sus contratos de suministro son de largo plazo y se extienden hasta el año 2022.
La central cuenta con tres unidades de ciclo combinado a gas natural/diésel y diésel. Sus operaciones de generación están en la VIII Región y, en total, su capacidad equivale al 5% del SIC (240 MW). Durante gran parte de 2012, las unidades no fueron despachadas por el Centro de Despacho Económico de Carga (CDEC), entidad que regula la operación del sistema eléctrico del SIC, por su alto costo.
José Tierno indica que actualmente la central Yungay se encuentra despachando energía, principalmente ante las fallas que presenta el sistema de transmisión eléctrica. Para volverla más competitiva, Duke está estudiando opciones para conseguir gas natural a precios atractivos. “Hoy vende solamente en el mercado spot. La compañía está trabajando la alternativa de conseguir gas a precio competitivo para hacer una propuesta más interesante y poder suministrar energía bajo contratos a consumidores”, cuenta.
Explica que ya han realizado pruebas con gas natural en la segunda unidad, de un total de tres centrales con las que cuenta el complejo, y además están trabajando para poder utilizarlo en el resto de las unidades.
Pero advierte que los precios actuales del gas no son suficientemente competitivos como para firmar contratos. Agrega que convertir la unidad a este combustible “dependerá de los precios y de las condiciones de suministro de gas a partir del GNL”.
Otra de las medidas que la norteamericana está tomando en Yungay es cerrar el ciclo combinado con la instalación de una turbina a vapor. Con esto, su capacidad podrá subir hasta los 390 MW. “Estamos realizando asimismo las gestiones y los mantenimientos para ponerla en funcionamiento, en el corto plazo”, añade.
Fuente / La Tercera