Dos influyentes trabajadores son tercera generación de mineros

El presidente de Sonami, Alberto Salas, afirmó que la demanda por cobre crecerá 4,5% en 2010.

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(El Mercurio)

José Gutiérrez

Tiene 46 años y desde hace 26 es socio del sindicato 1 de Chuquicamata. Trabaja como operador de pala en el área Mina Sur. Nació, estudió y formó a su familia en Calama. Es la tercera generación en Chuquicamata. Su abuelo se desempeñó en la fundición cuando el mineral estaba en manos de capitales norteamericanos. Su padre también fue trabajador de la mina y «espero que mis hijos sigan ese legado».

Nunca ha sido dirigente sindical, pero es uno de los trabajadores que sus pares reconocen y respetan como uno de los más preocupados del trabajo sindical. Es crítico con la labor de los dirigentes y maneja con lujo de detalle indicadores de la empresa y sus proyecciones.

«Codelco Norte aporta el 68% del cobre fino que exporta la empresa y genera las mayores utilidades. Sin embargo, vemos que esas utilidades no quedan en nuestra zona, nuestro querido Calama, ni en los bolsillos de los trabajadores», acusa.

«Hay un esfuerzo productivo que no se está compensando en esta negociación. Los trabajadores pedimos que si hay una mayor producción, esto se compense en este convenio colectivo».

«Las expectativas de vida de un trabajador de Chuquicamata no pasan de 75 años. Eso lo debe entender el país».

Miguel López

Tiene 51 años y es dirigente del Sindicato 3. Participa en actividades sindicales desde 1997 y hace 21 años trabaja en Chuquicamata. Nació y se educó en el campamento minero de la Región de Antofagasta y hoy reside en Calama. En la última asamblea previa a la votación de la huelga resultó con heridas leves, luego que unos trabajadores arrojaran tomates, huevos y monedas a los dirigentes.

Tras el incidente, López señaló: «Hay trabajadores que no merecen ser parte de la mejor división de Codelco. Son atrevidos, rotos, cobardes, no dicen las cosas con altura de miras. Se van a cosas personales, como si uno los quisiera perjudicar. Eso, jamás».

Es uno de los líderes de un grupo de dirigentes sindicales llamados «díscolos», un ácido crítico de sus pares y quien ha realizado los más fuertes mea culpa a la labor de la dirigencia sindical de Chuquicamata en este conflicto laboral.

Fuente / El Mercurio.

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