(El Mercurio de Calama) Este año el directorio del gobierno corporativo que rige los destinos de Codelco tiene dos materias relevantes que discutir: la aprobación del proyecto Nuevo Nivel de El Teniente y el inicio de algunas obras menores en el ambicioso plan de reconvertir Chuquicamata en una mina subterránea tan importante como ha sido la a rajo abierto para Chile en los últimos 95 años.
Como sucede pocas veces en la empresa -que por su estructura y estatutos suele entregar todos sus excedentes anuales al fisco-, este año la billetera está abultada con los cerca de US$1.000 millones obtenidos por la venta de la termoeléctrica E-CL, ya que el ejecutivo le autorizó para que se reservara ese dinero y lo reinvirtiera.
Con esa realidad las iniciativas en carpeta para este año no deberían tener contratiempos, a objeto de mantener los cronogramas establecidos para la continuidad de las explotaciones en diferentes puntos del país. Con estos proyectos la gigante estatal pretende aumentar su explotación de un millón 800 mil toneladas de cobre de 2010, a 2 millones 100 mil toneladas en 2020.
En el caso puntual de Chuquicamata, la corporación planea invertir este año US$140 millones, de un total de US$2.200 millones. La mina subterránea estaría operativa a fines de 2019 y habrá un proceso de transición con el yacimiento a rajo abierto.
El presidente de la compañía, Diego Hernández, reconoció que durante ese lapso evidentemente va a haber una baja en la planta de trabajadores.
«La transición va a demorar bastantes años y eso significa cambios de dotación, pero no en forma inmediata. Tenemos que ir planificando», comentó el ejecutivo.
Hernández recordó que en los 11 meses que lleva al mando de la compañía se ha reunido en dos ocasiones con los sindicatos para explicarles el plan, «pero no podemos dar a esta altura el detalle de la carta de navegación, porque eso lo revisaremos a medida que tengamos más información».
La revisión
Bajo el rajo se ha cuantificado la existencia de 1.700 millones de toneladas en reservas de mineral de cobre, que representan más de 60% de lo explotado en los últimos 90 años. Técnicamente la manera más factible para explotarlo es a través de la construcción de una mina subterránea.
El proyecto considera dos túneles de acceso principal, de 7 kilómetros cada uno, con una tasa de producción de 140 mil toneladas de mineral diarios, que significará 340 mil toneladas de cobre fino y más de 18 mil toneladas de molibdeno fino al año.
Durante su construcción dará empleo a un máximo de 3.767 personas y en su operación llegará un peak de 4.837 trabajadores. Mientras tanto, los loínos deberán asumir que se vienen cambios para los próximos años.
«El 2014 nosotros nos quedaríamos sin reservas para alimentar la planta de cátodos de Chuquicamata, que son alrededor de 140, 150 mil toneladas al año de producción que vamos a perder. Estamos haciendo un esfuerzo para mitigar esto con nuestro proyecto de Quetena, que es un yacimiento vecino, y estamos avanzando lo más rápidamente posible para tratar de hacer minería ahí», explicó Hernández.
Hasta 2017 y 2018 las plantas de Chuquicamata tendrán que ser alimentadas con producción de la mina Radomiro Tomic, cuyo mineral tiene una ley menor, de entre 0,60 y 0,65%, que incluso irá bajando en los años venideros, realidad que «requiere una serie de cambios, que estamos manejando. No son cambios que suceden de un día para otro y eso requiere la comprensión y la colaboración de todos los trabajadores», pidió el personero.
Fuente/ El Mercurio de Calama