Un túnel oscuro e infinito se ve desde afuera. El sol encandila y no permite ver nada en su interior. Sólo una mancha negra que desciende al centro de la tierra.
Un fuerte olor a humedad y químicos acompaña durante todo el camino. Es el «aroma» de la nueva mina subterránea de Chuquicamata. Desde que se ingresa por el túnel hasta que se llega al primer asentamiento humano, una hilera de luces colocadas cada ciertos metros es lo único que nos orienta.
Sorprende encontrar vida, computadores, oficinas y hasta un casino dentro de una mina subterránea aún en construcción. Pero para quienes trabajan ahí no es mucha la novedad.
El metro nortino
Once kilómetros de túneles ya están construidos. En 2018, cuando comience a producir, serán entre 140 y 200 kilómetros.
De a poco la vista se va acostumbrando a la escasa luz, pero el olor de la roca sulfúrica (primerísima etapa del cobre) a cada paso se hace más fuerte.
El camino es de tierra compacta y las paredes están protegidas por una especie de «costra» de concreto. Algunas tuercas gigantes enterradas en las murallas sustentan la estructura.
Mientras nos internamos, una ola de calor comienza a ahogarnos y los mamelucos anaranjados que llevamos puestos están empapados de transpiración. El ahogo es grande, casi como andar en metro en hora peak.
«Debemos cumplir con un nivel mínimo de aire para nuestros trabajadores», señala uno de los encargados del proyecto.
Para ingresar aire al túnel se colocaron unas mangas en el techo con ventiladores gigantes que desde el exterior succionan oxígeno y lo reparten dentro del túnel. El ruido es feroz.
Una opción enterrada
Aunque las primeras ideas para solucionar la escasez del rajo comenzaron a esbozarse en 1992, recién en 2000 se comenzó a estudiar más seriamente la extracción subterránea. Otra de las opciones era seguir cavando, pero esto significaba que las paredes del rajo se harían más débiles. Entonces se pensó en expandir la mina hacia los costados, es decir, seguir abriendo el rajo, pero debido a los altos costos la idea se desechó.
Una vez que la mina a rajo abierto cese sus funciones, el «sueldo de Chile» será extraído de la subterránea. Pero ambas no pueden coexistir.
Con el paso de los años, el rajo se derrumbará.
La nueva mina está en etapa de «ingeniería conceptual», por ello en algunos kilómetros el camino se vuelve inhóspito. Actualmente evalúan el ritmo de producción, el diseño minero y la infraestructura. Esta etapa se extenderá hasta fines de este año cuando se presente el «Estudio de impacto ambiental».
Para sorpresa de los ingenieros, aparte de cobre se hallaron altos niveles de molibdeno, un mineral que se usa como aleación con el acero.
El molibdeno encontrado tiene una ley de 450 ppm (partes por millón).
Otra riqueza
Pablo Orozco, encargado de comunicaciones de Codelco, señala: «Si el cobre ha aumentado su valor cuatro veces, el molibdeno lo ha hecho en ocho. Igual el cobre es más caro».
Se estima que en 50 años de producción se extraerán 1.800 millones de toneladas de cobre con una ley cercana al 0,8%. Durante los 100 años de vida del moribundo rajo abierto se extrajeron 2.600 toneladas.
Fuente / El Mercurio