No nos engañemos con el precio del cobre

En momentos en que se vive cierta efervescencia por el alza de precio de los commodities debido a la paulatina recuperación de los mercados mundiales, la demanda de China y la expectativa futura del aumento en el consumo de cobre por la fabricación de autos eléctricos; resulta ineludible que quienes tenemos la responsabilidad de gestionar el negocio minero, volvamos la mirada a las crisis que reiteradamente hemos soportado en el pasado, aprendamos las lecciones y no nos engañemos con los actuales precios del cobre.

La crisis internacional del 2015, con una caída de precios del cobre de prácticamente el 50% respecto del 2011, significó pérdidas millonarias en el valor de las compañías, cierre de faenas, postergación de inversiones y ajustes de dotación, entre otras dolorosas medidas de contingencia, pues contra toda evidencia objetiva, tanto la industria como sus proveedores nos ilusionamos con que valores por sobre los US$4 (la libra) iban a durar para siempre.

Adicionalmente, esta crisis dejó en evidencia la brecha en productividad de la industria, productores y empresas que prestan servicios. El producir en tiempos de bonanza propició el uso de recursos con un nulo análisis de su aporte a la productividad.

De allí que debemos grabarnos a fuego que la responsabilidad mayor que tenemos como administradores es gestionar eficientemente las variables internas, de modo de asegurar la máxima rentabilidad en tiempos de altos precios y resistir sin pérdida de valor los periodos a la baja.

Y se trata de una responsabilidad mayor para la industria minera chilena -y en particular la del cobre-, que en buena parte sustenta el desarrollo y crecimiento del país. Una industria que en los últimos 30 años sufrió cambios desde sus cimientos.

Con un equivalente al 27% de la producción mundial y propietario de prácticamente un tercio de las reservas de cobre del planeta, Chile tiene las condiciones para mantener el liderazgo y debe ser capaz de mejorar este negocio, de manera que desde la minería pública a la privada se aporten más recursos al Estado, se genere empleo y se esté a la altura de los mayores estándares que en el ámbito de la sustentabilidad hoy exige la sociedad.

Y si bien la responsabilidad es compartida y pasa por un sinnúmero de variables y actores del mundo político, social, económico, entre otros, los primeros que tenemos que hacer bien nuestro trabajo somos nosotros.

La buena salud del negocio la debemos afrontar desde la generación de los proyectos, pasando por el estricto cumplimiento legal, por la relación armónica con la comunidad, por el respeto al medioambiente y, por supuesto, asegurando rentabilidad con costos de primer cuartil y productividad de nivel mundial.

La innovación, la búsqueda de soluciones tecnológicas aplicadas a la minería del cobre, la automatización de procesos, las soluciones creativas para asegurar el abastecimiento y la reducción del costo de insumos críticos como el agua o la energía son algunas de las palancas necesarias. Sin temor y en un ejercicio de responsabilidad compartida, debemos buscar y aplicar junto a los trabajadores las mejores prácticas laborales que aporten a la transformación de la minería en una actividad moderna, segura, rentable, transparente y sustentable.

Necesitamos transformarnos para ser competitivos hoy y así asegurar el futuro de la industria minera en beneficio del desarrollo del país. De nosotros depende que ese éxito perdure en el tiempo.