El desafío de la continuidad operacional y la nueva normalidad

Enfrentar la pandemia y la recuperación económica, requiere competencias médicas, económicas y renovaciones políticas y morales.

El año que recién terminó debe ser uno de los más difíciles que nos ha tocado vivir como Humanidad. En nuestro país la pandemia global afectó profundamente la economía. Muchos de los sectores no pudieron desarrollar sus actividades con normalidad o, simplemente, no lograron operar, llevando a que nuestra economía experimentara un PIB negativo en el período.

La minería fue una de las industrias que pudo mantener su continuidad operacional, conservando sus niveles de producción con grandes esfuerzos y contribuyendo de manera decisiva para que la caída de la economía fuera menos profunda de lo que se pensó inicialmente.

Pero esta continuidad no ha sido algo fácil de conseguir, ni tampoco será simple de mantener en el tiempo que se avecina. La compleja situación que vive el país ha sido multidimensional y ha afectado mucho más allá de las variables que se acostumbran mirar para medir el desempeño económico o empresarial. Se han debido invertir importantes cantidades de recursos económicos y humanos para implementar las medidas sanitarias que garanticen la salud de los trabajadores. Los procesos logísticos también han sido difíciles y han debido adecuarse para mantener la cadena de abastecimiento y de transporte de trabajadores.

Pero, sobre todo, lo más difícil para entregar continuidad a las operaciones ha tenido que ver con las personas que deben estar cada día en las faenas cuidándose y desarrollando sus actividades. La pandemia ha traído aparejada muchas incertidumbres, transformadas muchas veces en temores, angustias, que se instalan en la emocionalidad de los trabajadores.

Detrás de cada uno de ellos hay familias que de manera permanente deben confiar en las medidas implementadas en la empresa para que su ser querido no se contagie. Del mismo modo, quienes deben estar en faena muchas veces están pensando en sus actividades y tareas, pero también con la mente y emoción puesta en su hogar y en la salud de sus familiares. No pocos de los trabajadores tienen sus hogares en otras regiones y muchas veces no han podido desplazarse producto de las restricciones sanitarias.

En algunas oportunidades estas condiciones se traspasan al trabajo diario, donde tenemos que asegurar la eficiencia en las tareas y las conductas seguras. Sin lugar a dudas, hay un impacto en la emocionalidad de las personas, las que muchas veces tienen a su grupo de trabajo como único apoyo en momentos difíciles.

De esta dimensión, que no suele ser considerada con mucha frecuencia, hemos debido hacernos cargo como empresa. Por eso, hemos implementado medidas que incentivan el diálogo al interior de los equipos de trabajo. Hemos generado comunicaciones para las familias de nuestros trabajadores, contribuyendo también a clarificar las angustias de las personas.

Para muchos, después de casi un año de pandemia, mantener la continuidad operacional en las faenas mineras se ha ido normalizando. Pero esto no es normal, es más, es antinatural y de enormes incertidumbres.

La continuidad operacional y la “nueva normalidad” no conversan fácilmente, pero tenemos que lograrla.

Enfrentar la pandemia y la recuperación económica, requiere competencias médicas, económicas y renovaciones políticas y morales como señala en una columna de opinión el académico de Harvard Michael Sandel. Esto debe contemplar profundas reflexiones que debatan sobre qué queremos unos de otros.

Es momento de valorar el estoicismo y resiliencia con que la humanidad está enfrentando estos tormentosos tiempos.

Al inicio del año 2021, tendremos que repensar nuestro diario quehacer, de tal forma, que encontremos las condiciones reales para funcionar y aspirar a resultados razonables que constaten que nuestra principal preocupación son las personas.

La profundidad del daño emocional, de las incertidumbres de los seres humanos, tiene que ocupar un protagonismo en nuestra planificación de 2021.

Mirar el futuro con esperanzas, requiere un alto en el camino que ilumine y engrandezca nuestras decisiones.