Cosas de “viejos”

Siempre hemos escuchado que la minería se mira el ombligo. Que como somos un ecosistema cerrado, las personas fuera de él no valoran ni conocen apropiadamente la tremenda cantidad de valor social y económico que entrega al país; es sabido que cuando llega un nuevo ejecutivo al sector, se le mira distinto si no ha hecho su trayectoria acá, en la minería.

“Los viejos”, nos llamamos a nosotros mismos.

Y tenemos una mirada distinta a la de otros sectores productivos. Hace un par de años que hacemos con Cesco una encuesta que se llama “Señales de la Minería” y que muestra la visión de los ejecutivos y líderes del sector, pero no sólo opinando sobre temáticas mineras, sino sobre el país en general. Y este año quedó claro que los mineros estamos más optimistas sobre el futuro de Chile que el resto.

Pasa lo mismo por ejemplo con el IMCE, el índice mensual de confianza empresarial que realiza Icare con la UAI. Ahí también el índice de confianza de los “viejos” es mucho más alto que el de los ejecutivos de retail ó manufacturas, por ejemplo.

¿Por qué las expectativas del sector minero no se mueven igual que las de los demás? Sobre todo cuando vemos malas noticias frecuentemente: hace unos días se anunciaba que Angloamerican y Glencore  verán fuertes  disminuciones en su producción dada adversas condiciones ambientales y regulatorias. En Codelco se paralizarán las contrataciones ante un complejo panorama económico. En el Chile Day se comentó que los mineros clamaban por mayor certeza jurídica.

Pero estamos más optimistas que el resto.

Me suena que esta sensación tiene que ver con la naturaleza de las inversiones. En minería nada es rápido, todo es de largo plazo. Las inversiones son altas (respecto de las de otros sectores por ejemplo) y los tiempos de espera, mucho mayores. El minero sabe esperar. Es parte de su negocio. Y con esa mirada es que somos más optimistas respecto de nuestro país y sus desafíos.

A mi me parece bien que estemos optimistas, más que el promedio. Será que sabemos ver el vaso medio lleno, como los buenos viejos.