(La Tercera).- El cobre fino se está cotizando en la Bolsa de Metales de Londres, para entrega hoy o en 27meses más, por encima de los US$ 3 la libra de mineral. Ello es coherente con la expectativa, cada vez más generalizada, de que el precio se mantendrá alto por largo tiempo, sustentado, especialmente, en el fuerte crecimiento del consumo de China e India y en la devaluación del dólar americano.
Un precio del cobre alto durante los próximos 10 años o más es sin duda una buena noticia; significa que Chile es más rico y que nuestra moneda es más fuerte. En este escenario, cierta revaluación del peso es inevitable.
La mejor forma de contrarrestar la apreciación del peso es invirtiendo en mejorar la productividad de los bienes y servicios no transables. Es justamente en este ámbito en donde estamos más atrasados. En efecto, nuestras principales debilidades competitivas tienen que ver con la calidad de la educación en todos los niveles, la calificación de la mano de obra, las distorsiones del mercado laboral, las debilidades del aparato público, la falta de apoyos adecuados a las Mipymes urbanas y rurales y los atrasos en infraestructura y energía.
Los excedentes del cobre nos ofrecen la posibilidad de financiar, en el tiempo, las inversiones necesarias para revertir las debilidades recién anotadas. En los últimos años, dichos excedentes se invirtieron en instrumentos financieros en el exterior, que a la fecha suman 20.000 millones de dólares.
Esta es una suma más que suficiente para cubrirnos ante posibles contingencias. Por tanto, en una primera etapa, deberían destinarse, a lo menos, los excedentes que se generarán de ahora en adelante, a financiar proyectos de inversión prioritarios.
Amuchos les preocupa que todas estas inversiones sean de larga maduración y su impacto en la competitividad de la economía tomará tiempo en apreciarse, pero no así los efectos del mayor gasto que se dejarán sentir en el corto plazo. Entonces, ¿cuán importantes son estos efectos? Por de pronto, dado el alto grado de apertura de la economía chilena, buena parte del incremento del gasto se traducirá en mayores importaciones; sólo el componente no transable del mismo podría aumentar la demanda por trabajo y presionar al alza las remuneraciones.
Si la tasa de desocupación es alta, aumentaría el empleo, pero no las remuneraciones. Si lo que se demanda es mano de obra calificada, lo más probable es que aumenten las remuneraciones con las consiguientes presiones de costo. En todo caso, difícilmente serán suficientes como para provocar un desequilibrio mayor. Queda en evidencia que el manejo del corto plazo es clave y obliga a diseñar y poner en práctica un conjunto de medidas orientadas a fortalecer la competitividad de las actividades más afectadas por la depreciación del peso, particularmente de las Mipymes urbanas y rurales (reducción del costo laboral traspasando al Fisco el costo de la indemnización por añosde servicio, asistencia técnica y 100% de garantía estatal a las Mipymes, hasta por un monto predeterminado de endeudamiento, reactivación del subsidio al desempleo de los jóvenes, etc.).
Si se confirman las excelentes perspectivas del cobre no caben dudas de que seremos más ricos como país. El desafío ineludible es poner esa riqueza al servicio de una estrategia de desarrollo que, aumentando la tasa de crecimiento potencial de la economía, ofrezca a los chilenos la oportunidad de acceder a una mejor calidad de vida.
Fuente / La Tercera