La Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) dio a conocer su Informe Salud Mental en la Industria Minera Nacional, documento que sistematiza estadísticas, antecedentes normativos y experiencias internacionales para analizar la situación del sector y sus principales desafíos.
De acuerdo con el informe, elaborado por la Dirección de Estudios y Políticas Públicas de Cochilco, los diagnósticos asociados a salud mental representaron en 2025 el 76,6% del total de enfermedades profesionales registradas en el país. En la minería, en tanto, las enfermedades profesionales vinculadas a salud mental alcanzaron 24 casos durante ese año, frente a los cinco registrados en 2019.
Pese a este incremento, el documento advierte que la minería mantiene cifras inferiores al promedio nacional. En 2025, la tasa de enfermedades profesionales llegó a 0,11% en el sector minero, frente a 0,16% para el conjunto de las actividades económicas. En el caso específico de las patologías asociadas a salud mental, la tasa fue de 0,03% en minería, mientras que el promedio nacional alcanzó 0,13%.
No obstante, Cochilco enfatiza que el menor número de casos reportados en la minería no necesariamente implica una menor exposición a riesgos psicosociales, por lo que plantea la necesidad de profundizar el análisis de las condiciones laborales que caracterizan al sector.
Asimismo, el análisis enfatiza en las características propias de la actividad minera, como los sistemas de turnos prolongados, jornadas excepcionales, aislamiento geográfico, trabajo en altura y subcontratación, factores que pueden incidir en el bienestar mental de los trabajadores.
Focos de riesgo
Los resultados del cuestionario CEAL-SM/SUSESO 2024 muestran que la minería presenta, en términos generales, mejores indicadores de riesgo psicosocial que el promedio nacional. Sin embargo, persisten focos de atención en dimensiones como carga de trabajo, compañerismo, vulnerabilidad y conflicto de rol.
En detalle, los resultados de la aplicación correspondiente a 2024 muestran que la minería presenta, en términos generales, mejores indicadores que el promedio nacional. Mientras el 20,9% de los centros de trabajo del país se ubicó en una condición de riesgo psicosocial no óptimo, en la minería esta proporción alcanzó 8%. Asimismo, sólo 0,4% de los centros mineros evaluados se encontraba en riesgo alto, frente a 3% del total de actividades económicas.
En tanto, respecto de la escala de salud mental GHQ-12, el 40,7% de los centros de trabajo mineros evaluados se ubicó en un nivel de riesgo no óptimo, cifra que, si bien está por debajo del promedio general, da cuenta de un espacio relevante para la prevención y gestión de estos factores.
Bienestar integral
Para Cochilco, la evolución de estos indicadores plantea la necesidad de complementar los avances de la minería en seguridad física con una mayor atención al bienestar mental y social. En esta línea, la Política Nacional Minera 2050 establece como meta la implementación de indicadores de salud ocupacional, incorporando dimensiones vinculadas al bienestar mental y social de los trabajadores.
A ello se suma la Política Nacional de Seguridad y Salud en la Minería, promulgada en 2025, que contempla la realización de estudios sobre los impactos del trabajo minero en la salud mental y acciones orientadas a mejorar el proceso de calificación de enfermedades profesionales, incluyendo aquellas vinculadas a salud mental.
Finalmente, entre las principales conclusiones del documento se encuentra la necesidad de fortalecer la medición y monitoreo de los riesgos psicosociales en el sector. Cochilco plantea que las estadísticas de enfermedades profesionales asociadas a salud mental y los resultados del CEAL-SM/SUSESO podrían constituir indicadores relevantes, incorporando metas que permitan evaluar avances periódicamente.
Sin embargo, el informe va un paso más allá y plantea la conveniencia de desarrollar un instrumento sectorial específico para la industria minera, considerando sus características particulares. De esta manera, el documento concluye que, si bien la minería chilena presenta indicadores de salud mental y riesgos psicosociales inferiores al promedio nacional, persisten brechas en cobertura, instrumentos de medición, continuidad y articulación organizacional.