China tiene problemas en una mina en Perú

La tensión en la localidad de Marcona muestra una predisposición al conflicto en la minería y los proyectos energéticos, y sugiere que el compromiso de Beijing en la región no está exento de dificultades.

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(El Mercurio) En su búsqueda mundial de materias primas, China ha peinado Sudamérica buscando de todo, desde poroto de soya brasileño hasta madera guyanesa y petróleo venezolano. Sin embargo, mucho antes de hacer cualquiera de esas incursiones, China apuntó sus intereses a esta desolada ciudad minera en el desierto sureño de Perú.

Era el año 1992. Compañías chinas buscaban en otros países. Una acerera, Shougang Corp. de Beijing, vio una mina de mineral ferroso en esta ciudad y la adquirió en una audaz operación. En ese entonces, Perú aún sufría los ataques de Sendero Luminoso.

Sin embargo, la bienvenida a Shougang duró poco. Los trabajadores de la mina, fundada por estadounidenses en los 50 y nacionalizada por generales izquierdistas en los 70, empezaron una revuelta que dura hasta hoy, con huelgas, enfrentamientos con la policía, e, incluso, ataques incendiarios contra sus «jefes comunistas».

«Rápidamente nos dimos cuenta que nos estaban explotando para ayudar a construir la nueva China, pero sin ver ninguna de las recompensas», señaló Honorato Quispe, de 63 años.

El conflicto con Shougang por los salarios, la contaminación ambiental y el trato de la minera hacia los habitantes de esta ciudad no cuadra bien con la visión festiva de China sobre su presencia en aumento en Latinoamérica, en la que todos se benefician y «el consenso» es que «todos ganan». Latinoamérica vende a China materias primas como cobre, petróleo o hierro; a cambio, la región compra mercancías como teléfonos celulares, automóviles y juguetes de plástico baratos.

La tensión en Marcona, una de las ciudades más llenas de conflictos en un país predispuesto cada vez más al conflicto en la minería y los proyectos energéticos, sugiere que el compromiso de China en la región no está exento de dificultades.

En Marcona se han fusionado la cautela y el arrepentimiento por las inversiones chinas. Con aproximadamente 15.000 habitantes, aún tiene el aspecto de una ciudad minera del suroeste de Estados Unidos, un legado de los ingenieros que la construyeron en la década de 1950.

Trabajadores dijeron que los problemas con Shougang empezaron en los 90, cuando la compañía redujo la fuerza laboral de 3.000 a 1.700 obreros, y trajeron a algunos de China. Las huelgas convencieron pronto a los gerentes de enviar de regreso a sus empleados chinos.

El resentimiento también surgió cuando Shougang no invirtió 150 millones de dólares que había prometido en la mina y la infraestructura del pueblo, optando, en cambio, por pagar una multa de 14 millones de dólares por no hacerlo.

Los trabajadores hablan de los bajos salarios y de la resistencia de la compañía para aumentarlos y dicen que Shougang tiró desechos químicos al mar.

En el lado opuesto a Playa Hermosa en Marcona, algunos trabajadores de la mina viven en lóbregas viviendas de la compañía. Otros rentan habitaciones miserables en la ciudad. «Los chinos nos ven como poco más que esclavos», se quejó Hermilia Zamudio, de 58 años, residente de Ruta del Sol, a cuyo esposo despidieron de la mina tras trabajar 30 años.

1.000 millones de dólares planea invertir Shougang para doblar la producción a 18 millones de toneladas (hoy son 8 millones) de mineral ferroso para 2012.

Respuesta de la compañía

Shougang mantiene a sus gerentes chinos alejados de los medios informativos. Con la prensa habla Raúl Vera la Torre, un ejecutivo peruano de Shougang, quien reconoció que la compañía enfrenta reclamos por problemas como la escasez de vivienda y de agua. Dijo que Shougang realizó proyectos para mejorar la calidad de vida en la ciudad, como proporcionar agua potable a muchos habitantes, pero que «una compañía no puede asumir deberes que son del gobierno».

Fuente / El Mercurio

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