(La Segunda) La certeza de que viene una larga espera para volver a ver a los 33 los mineros atrapados hace 21 días, se tradujo ya en una notoria baja en la población flotante en el Campamento Esperanza. Mientras este domingo, el día en que se supo que estaban vivos, llegó a haber más de mil personas, esta mañana Carabineros contabilizaba sólo unas 80.
A ellos se suman los equipos de rescate y personal de gobierno que normalmente permanece en el día en la mina y durante la noche bajan a Copiapó o Caldera.
Es que poco a poco los familiares han aceptado que permanecer en carpas junto a la boca de la mina no aporta nada a sus seres queridos, que están recibiendo toda la ayuda y alimentación que necesitan de parte del gobierno.
De hecho, los mineros hoy incluso hicieron gala de buen humor, según relata la enfermera Marcela Zúñiga, quien a diario establece contacto con ellos, ya que trabaja cargando la primera sonda a través de la cual se les envían víveres e hidratación. “Hoy hubo un mensaje que dice: Por favor mándenle al señor Zamora una revista para tejer y palillos, para que haga cosas para entregar a la salida. Cosas así, muy entretenidas”, relató.
Añadió que hasta ahora no han presentado síntomas de depresión y que hoy se les envió una pauta de ejercicio, entre otras cosas yoga. También se les ha enviado polivitamínicos, calcio y magnesio.
Los hombres hoy “almorzaron” compota de manzana con algunas nueces, una barra de cereal y una de barra de pan con membrillo.
Asimismo, se les enviaron buzos y ropa interior para que puedan cambiarse. Este fin de semana se proyecta iniciar los trabajos de perforación de la sonda especial que cavará el ducto por el cual serán rescatados.
Familias dejan “representantes”
En este contexto es que los familiares han aceptado empezar a irse a sus casas. El mayor de la Segunda Comisaría de Copiapó Rodrigo Berger, —a cargo del operativo policial en la mina— señaló que a partir del lunes un número importante de familiares comenzó a abandonar el campamento. Aunque ninguna familia se fue por completo, gran parte de ellas decidió dejar uno o dos “representantes”. Asimismo, solicitaron a las autoridades que los contactos diarios se reduzcan a sólo una vez, para disminuir la tensión.
En el gobierno se intenta alentar, si bien no presionar, la partida de los familiares, ya que una espera tan prolongada puede incluso traducirse en un deterioro emocional. Asimismo, se ha insistido en que es necesario retomar trabajos y estudios, porque a estas alturas ya los permisos se han estirado demasiado.
En todo caso, la intendenta de Atacama, Jimena Matas, indicó que a los familiares se les ha asegurado que mientras lo requieran se les entregará toda la ayuda que necesiten y además se facilitará la comunicación con los mineros.
En ese sentido, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, dijo esta mañana a “La Segunda” que en los próximos días estará lista una suerte de “cabina de contacto para que los familiares puedan acercarse y con breves entrevistas saber cara a cara cómo están sus mineros, y darles noticias”, dijo.
La medida es uno de los requerimientos más urgentes que han expresado las familias, y las autoridades les han explicado que ello dependerá de que una tercera sonda haga contacto con los mineros, lo que se supone ocurra pronto. La idea es que esa tercera sonda se convierta en un canal permanente de comunicación con la superficie, por lo que también se mejorará la calidad tecnológica de la cámara, metiendo ahora una de alta definición que incluso permitirá hacerles un examen médico a la distancia especialmente al estado de sus ojos, donde los mineros estarían presentando infecciones.
Con esa sonda también se establecerá una cañería de agua potable permanente.
Se desechó establecer un contacto Copiapó-mina
Si bien en primera instancia se evaluó que este tipo de contacto también se pudiera hacer desde Copiapó y Caldera –para incentivar el retorno de las familias que aún permanecen en carpas en el campamento Esperanza—, la idea se desechó, debido a que podría ser contraproducente para la salud mental de los mineros, ya que no habría ningún tipo de filtro de la información que recibirían de sus familiares.
La idea, explican desde el gobierno, es que previo al contacto exista una asesoría sicológica a los familiares, para evitar que desestabilicen a los trabajadores.
Se ha evaluado establecer una suerte de calendario con horarios y tiempo de contacto determinado, para así también hacerles una rutina a los mineros.
Aunque algunos familiares propusieron en primera instancia que fueran los propios mineros los que definieran con quién quieren contactarse, las autoridades les advirtieron que no era prudente en términos emocionales ponerlos ante esa disyuntiva.
Por ello se les pidió que cada familia defina una persona para el contacto, la que deberá intentar no quebrarse emocionalmente y transmitirse mensajes esperanzadores para mantener su ánimo arriba. “La idea es que por ejemplo no se contacte una esposa que al final sólo termine llorando y en vez de contenerlo emocionalmente, le provoque mas angustia”, explican.
Fuente / La Segunda