(La Nación) Uno de los sectores que se ha visto complicado por los efectos del terremoto del 27 de febrero pasado es el del acero, debido a que las dos grandes empresas del sector, como lo son la Compañía de Aceros del Pacífico (CAP) y Gerdau Aza han tenido que incrementar las importaciones por el metal debido a que sus instalaciones han estado dañadas.
El presidente de la Asociación de Industrias Metalúrgicas y Metalmecánicas (Asimet), Ernesto Escobar, señaló que esperan un aumento en el consumo de acero, por la reconstrucción que tendrá el país. “Esperamos un alza, mirando las experiencias pasadas como en el terremoto del 85 se pueden ver incrementos importantes, las que van encadenadas con el crecimiento del PIB”, dijo el dirigente.
En este sentido Escobar señaló que “puede ser un 50% por encima del crecimiento del PIB, o sea si se espera un crecimiento del 5%, puede el sector crecer en torno al 8%. Pero esto es difícil de medir producto de todas las importaciones que se materializan durante este periodo de incertidumbre por el tema del suministro”.
En relación a las importaciones, el dirigente dijo que “las dos siderúrgicas no están produciendo, eso significa que el mercado aumentan las compras al exterior, por lo que se producirá un consumo aparente, que no es el real, pero después los inventarios bajarán cuando se recupere la producción de Gerdau Aza y de CAP”.
Por su parte el gerente general de Gerdau Aza, Hermann von Mühlenbrock, indicó que “estamos en un período de paralización, pero confiamos en que en este mes haya una normalización, la oferta no tendría problema en responder a los efectos de demanda”. La firma ha estado importando el último mes unas 70.000 toneladas de acero, lo que es un adicional de mes y medio de venta.
Respecto a un aumento en el consumo, el ejecutivo tiene ciertas dudas, debido a que “el acero entra en los edificios, pero no sabremos cuál será la reacción de la gente a vivir en departamentos, puede que cambie el modelo de negocios de las constructoras y hagan casas”.
Por lo anterior, Von Mühlenbrock dice que no hay seguridad de cómo “será el comportamiento de la gente y de las constructoras y no se sabe el modelo de ciudad que saldrá de aquí en adelante”.
Fuente / La Nación.