(El Mercurio) André Gerdau, director presidente de la gigante en acero brasileña Gerdau, monitorea de cerca cada una de las operaciones que la compañía tiene en los 14 países en que está presente.
En una rápida visita a su planta en Chile, analiza los escenarios de incertidumbre que se abren tanto acá-por las últimas reformas que impulsó el Gobierno y el alto costo de la energía- como en su país, debido a los altos niveles de insatisfacción con la administración de la Presidenta Dilma Rousseff y el bajo crecimiento de la economía.
La empresa tuvo un 2014 peor a lo proyectado. Iniciaron el ejercicio apostando por una inversión de US$ 897 millones y cerraron el año con US$ 711 millones. Para 2015, estiman una cifra más acotada, de US$ 588 millones.
La última encuesta de expectativas económicas del Banco Central de Brasil arrojó que el mercado espera una caída del PIB de 0,78% para 2015, y en Gerdau la visión no es distinta. «Efectivamente, vemos un escenario de PIB negativo. Desde inicio del año pasado vemos que el consumo ha disminuido y hay poca inversión en la economía. Nos preocupa porque no vemos un cambio en el corto plazo», afirma el empresario. Agrega que esto se vio empeorado con el alza de la inflación, las tasas de interés y el ajuste en el crédito. «También existe la desconfianza por el momento político, por lo que está pasando en Petrobras, lo que está generando incertidumbre», sostiene.
Gerdau afirma que la operación «Lava Jato» podría, eventualmente, afectar al sector. Este esquema de corrupción asoció a algunas de las mayores empresas constructoras -grandes consumidoras de acero- del país con directivos de la petrolera nacional para manipular licitaciones y desviar fondos por hasta unos US$ 3.800 millones.
En este contexto, el empresario apoya las protestas que se están llevando a cabo en el país, que reunieron más de 1 millón de personas en los distintos estados de Brasil el día 15 de marzo, las que demostraron su descontento con la corrupción y con la figura de Rousseff. «Ese clima (de descontento) afecta a todo el país, todos los negocios, porque genera incertidumbre en el ambiente de inversión, tanto para los nacionales como extranjeros», enfatiza.
Destaca, asimismo, que las manifestaciones fueron pacíficas, lo que, a su juicio, no solo es positivo, sino que además fortalece la democracia. «Tal como en las elecciones se concretó una reelección, si ahora hay un movimiento con cuestionamientos hacia el Ejecutivo que sale a la calle, pero de manera pacífica, eso para mí demuestra que el país es democrático, con instituciones fuertes y madurez», señala.
Costos de energía, competencia desleal y desindustrialización son las principales preocupaciones de Gerdau en sus operaciones chilenas. El empresario acusa que uno de los mayores problemas de la industria del acero en Chile son las importaciones de estos productos que no cumplen con las especificaciones técnicas del país y que provienen principalmente de China, con precio y calidad inferiores.
«El hierro para la construcción tiene normas rígidas e importantes que tienen que respetarse. En Chile hay productos que están ingresando y que no respetan esas normas y eso produce una competencia desleal, además de un riesgo para la seguridad del consumidor», advierte. Señala que este es un problema que Chile «tiene que enfrentar» con urgencia, pero que las instituciones todavía no están preparadas o no tienen la práctica.
Respecto de la energía, afirma que los costos pagados en Chile son los más altos dentro de los 14 países en que la compañía opera. Para Gerdau, la energía significa entre un 15 y 20% de los costos de producción. «Nos preocupa porque no vemos un cambio estructural en Chile, con más hidroeléctricas, en los próximos 5 o 10 años», sostiene.
Manifiesta también que la reforma tributaria y el alza de impuesto a las empresas de un 20% a un 27% le restará competitividad a la compañía. «Esta alza de impuesto los empresarios que invertimos no los vemos con buenos ojos, porque esas platas se quitan de la empresa y se transfieren al Estado. Y la historia no ha mostrado que los gobiernos sean los mejores gestores», dice.