(La Segunda) Cinco carillas y media tenía la carta con la que el abogado y empresario minero Alfredo Ramón Luis Ovalle Rodríguez —71 años, casado, cuatro hijos, seis nietos— renunció el miércoles a la presidencia de la Sociedad Nacional de Minería (Sonami).
Alejamiento sorpresivo y anticipado que no hizo más que alimentar en las últimas horas una serie de rumores, pues este paso al costado lo dio nueve meses antes de que terminara, en agosto del próximo año, su segundo mandato de tres años (2004-2007 y 2007-2010) al frente del gremio que agrupa a las grandes, medianas y pequeñas empresas del sector, a excepción de la estatal Codelco.
Quienes presenciaron la escena sostienen que su dimisión, primero ante el directorio y luego ante un Consejo General extraordinario del gremio, fue tan “emotiva” que Ovalle ni siquiera alcanzó a terminar de leer la carta, y finalizó dándole lectura Alberto Salas, vicepresidente hasta el miércoles y ahora empoderado como el nuevo timonel, hasta las elecciones de agosto de 2010.
“En este tipo de cargos, con la responsabilidad que yo las asumo, muchas veces uno deja de lado a los seres más queridos. Tengo muy repartida a mi familia, tengo una hija viviendo con su marido y dos de sus hijos en Londres, tengo otro hijo en Atlanta con sus dos hijas, y mis dos nietos mayores también están estudiando en Atlanta. Esta familia era muy unida y físicamente en los últimos años, varios años, no nos hemos podido juntar por las distancias. La Navidad de este año será la primera vez en ¡12 años! que los voy a poder tener a todos en mi casa”, dice Ovalle.
—¿Está enfermo?
—No, definitivamente no. Acabo de hacerme un chequeo médico y salvo los achaques propios de mi edad (cumplirá 72 años el próximo 29 de noviembre), que es tener hipertensión y estar un poco excedido de peso, estoy bastante normal, siempre he mantenido una vida bastante sana. La única recomendación del doctor fue hacer dieta, bajar unos 10 kilos y hacer más ejercicio. En eso estamos.
—¿Tiene cáncer, como se ha comentado en privado?
—En absoluto. Lo que sí pasó es que, por descuido y exceso de sol, tengo unas manchas aquí (se frota su frondosa calvicie), y la doctora, que es muy prolija, me señaló que tenía que hacerme una biopsia de cada una de las manchitas. Por supuesto que cuando a uno le hablan de biopsias, uno inmediatamente piensa ‘por algo me estarán sacando estas muestras’. Pasé unos 10 días, que se demoró el resultado de la biopsia, y como soy un poco exagerado le comenté a algunos amigos que estaba preocupado por el resultado, pero resultaron cero, cero, cero. Y salvo tener que usar una crema que me tengo que poner todos los días en la “pelada”, no tengo ninguna enfermedad.
—¿Un lío de platas en la Sonami?
—Ni el más mínimo. Tuvimos hace mucho tiempo, en mi primer período, un traspié, un descuido, que ustedes por lo demás conocieron (inversiones financieras que le reportaron pérdidas al gremio), que le costó la salida al anterior gerente general. Desde ese entonces, cumpliendo un riguroso protocolo que tenemos, de cómo usar las platas de la Sonami, no ha habido ningún problema, ni el más mínimo. La Sonami está financieramente sanísima, goza de muy buena salud.
—¿Y en sus negocios personales, grupo minero Las Cenizas?
—Aunque sea falsa modestia, mi negocio está muy sólido, estamos haciendo inversiones bastante cuantiosas para nuestro nivel de mediana empresa, estamos ampliando nuestras instalaciones comprando algunas propiedades mineras, partiendo con una planta de óxidos que antes no teníamos, teníamos nada más que plantas para el tratamiento de súlfuros (Cabildo y Taltal), y ahora vamos a tener tres instalaciones y una generadora eléctrica en las cercanías de Copiapó.
—¿Ningún quiebre con su socio, Raimundo Langlois?
—Por el contrario, somos casi hermanos desde hace 35 años que trabajamos juntos.
Razones “muy sencillas”
—Si, como Ud. asegura, no está enfermo, no hay líos de platas y le restaban sólo 9 meses para el término de su mandato, ¿cuál es entonces la razón de fondo?
—Una muy sencilla. Creo ya haber cumplido todo lo que me prometí en mi programa de trabajo. Además esto se vio excedido por los dos años (2006-2008) que estuve en la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC, la cúpula empresarial), que es un trabajo muy intenso, y a veces muy mal comprendido. De manera que con la conciencia del deber cumplido y de que estaba dejando muy de lado a mi familia, hablé con la mesa directiva y se lo planteé hace varios meses.
Quiero aprovechar esta libertad que me da haber dejado estos dos cargos, que en su momento me afectaron bastante mi vida familiar. Quiero tratar de pasarlo bien con mis hijos, con mi mujer, y dedicarme al trabajo. Esas son las únicas razones por las cuales opté por esta decisión. Aquí no hay gato encerrado, situaciones ocultas, ni mucho menos diferencias con mi socio, el directorio o ejecutivos de la Sonami.
—Si está tan tranquilo, ¿por qué no dio la cara en la conferencia de prensa donde se informó su renuncia?
—Por otra razón muy sencilla. Para mí fue muy emocionante cuando el directorio, al conocer mis razones, me mostró un cariño y sentido de solidaridad muy grande, y yo me quiebro muy fácilmente. Me emocioné mucho, lloré mucho rato, le tengo demasiado cariño a esta entidad. Pensé que sería malo para la institución si, al momento de estar con ustedes, podría volver a quebrarme y aparecer en una foto con los ojos llorosos, etc. También fue la recomendación que me hicieron mis asesores, y les encontré toda la razón. A veces la prensa saca conclusiones que no tienen nada que ver con la realidad.
—Su ausencia no hizo más que alimentar toda suerte de especulaciones.
—Entonces se equivocaron mis queridos asesores, pero no hay más que eso: no quería volver a quebrarme, las lágrimas me salen muy fácilmente. Lo importante es que hicimos una gran labor.
Su balance “sin ideologías políticas”
—¿Qué balance hace de su gestión en la Sonami? Asumió en agosto de 2004 con un gremio en crisis, dividido, ejecutivos y grandes empresas que renunciaban…
—El gremio está muy unido. Conversé con ellos (las empresas), les planteé el propósito que yo tenía de reunir el gremio, hacer una asociatividad entre las grandes, medianas y pequeñas empresas, que debían respetar esta entidad, que ya tenía más de 100 años, y que era una muy mala idea e imagen mostrar ante el gobierno y las autoridades una posición absolutamente contraria. Ellos retiraron esa carta (de renuncia) y empezamos a trabajar juntos de nuevo.
—¿Se sanaron las heridas, qué ha cambiado en estos años?
—Han cambiado varias cosas. Hemos mantenido una independencia política absoluta. Decidimos, y lo hablamos muy francamente con todas las asociaciones y empresas mineras, que queríamos una entidad 100% gremial, que se preocupe de los intereses de los mineros, sin ninguna relación con ideologías políticas.
También creamos una asociatividad entre la pequeña, mediana y gran minería.
La otra gran diferencia es que hemos mantenido una relación muy transparente y fluida con el gobierno, parlamentarios, partidos políticos, siempre presentando las cosas por su nombre. Sin criticar lo pasado, porque no me corresponde, se ha desarrollado un grado de confianza con los poderes del Estado que es muy importante que las organizaciones gremiales lo tengan.
Elecciones: “La alternancia es positiva”
—Ahora que pasa a ser un ciudadano común y corriente, ¿cómo ve la campaña electoral en curso?
—Me parece que ha habido descalificaciones bastante fuertes, que se ha llegado al terreno personal en algunos casos.
Hemos tenido un gobierno de la Concertación por muchos años, quizás se crea que la alternancia es algo positivo para la democracia. Yo sí creo que la alternancia es positiva. También creo que si se arman equipos de gobierno, con personas capaces, independiente de su color político, es un paso muy positivo. Pero que haya rivalidades tan grandes, que se piense que todo tiene que cambiar, no lo es.
—Siendo vecino de edificio de Sebastián Piñera, ¿encarna él esa alternancia?
—Hoy capaz que no sólo la encarne él, sino que también Marco Enríquez-Ominami. El también está hablando de que es una posibilidad de alternancia.
En las democracias más establecidas, o históricas, hay alternancia, pero sin que los servidores públicos sean cambiados porque sí. La gente buena sigue en sus cargos. No es que esté defendiendo a nadie con esto. Que los ciudadanos elijan lo mejor para el país.
-Su momento más difícil: El “Ovallazo” en Enade 2007… con duras críticas a Bachelet
Si la Enade de 2001 todavía es recordada por el “déjenos trabajar tranquilos” que le lanzó el entonces timonel de la CPC, Ricardo Ariztía, al Presidente Lagos, la de 2007 también lo es con las duras críticas hechas por Alfredo Ovalle ante la atenta —y desencajada mirada— de la Presidenta Bachelet.
“Es preciso tomar el timón resueltamente; se requiere empuje, liderazgo y seguridad, y hace falta confianza”, fue sólo parte de su encendida alocución. El gobierno reaccionó con molestia y la propia Mandataria calificó su actitud como “arrogante” y “oportunista”.
—¿Fue su momento más difícil?
—Sí, indudablemente. Medité mucho qué decir, en ese momento yo estimaba que había muchas cosas que corregir y que la Presidenta tenía que ponerle coto. Lo peor fue que me traicionó el tono de voz. Si uno revisa el tenor de mis palabras no eran ofensivas, pero sí mi tono. Creo que me excedí. Andrés Velasco (ministro de Hacienda) tuvo una gran hidalguía de llamarme, conversar con él largamente y posteriormente tener una entrevista con la Presidenta. Le expliqué que mi crítica era por circunstancias que me parecía que eran necesarias de corregir, pero que en ningún caso yo era el llamado para alzar la voz frente a la autoridad.
—Mirado a la distancia, ¿sigue pensando lo mismo?
—Eran hechos de la causa en ese momento, los hechos no se pueden desmentir y uno tiene que asumir sus responsabilidades. Quizás no era como para haberlo dicho tan descarnadamente en público. Sí me arrepiento de haberlo dicho como lo dije, en el contexto en que lo dije y de haberle dado un desagrado a la Presidenta, porque después de todo lo que ha sucedido le tengo un gran aprecio… Los altos niveles de popularidad que tiene en este momento es algo que ella se lo merece.
—¿Se arrepiente también del lobby que hizo (abril de 2007) en favor del proyecto del gobierno sobre depreciación acelerada, que le valió duras críticas de la UDI y de un sector del propio empresariado?
—Ese fue un lamentable mal entendido, de principio a fin. Yo era un convencido de que era muy bueno que se estableciera una depreciación acelerada en ese momento para empujar la economía. Se tomó como una circunstancia política en el sentido de que yo podría influir en los presidentes de los partidos de oposición.
—No se tomó así, usted mismo lo dijo.
—Yo estaba llamando al Parlamento en general a que aprobara esto porque era bueno para la industria, el comercio, etc. Pero lamentablemente el presidente de uno de los partidos (Hernán Larraín, UDI) no lo estimó así y estuvimos largamente distanciados.
—Casi lo declaró“interdicto”…
—Dijo que yo no era interlocutor válido. Pero, bueno, ya es capítulo cerrado. Por lo menos yo lo di por superado.
Fuente / La Segunda.