(El Mercurio) El actual sistema de certificación de universidades -hoy cuestionado tras la detención del ex presidente de la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), Eugenio Díaz, por el eventual delito de cohecho- tiene dos ramas esenciales. Una es la acreditación de las instituciones, que son evaluadas por los miembros de la CNA, y la otra es la de carreras, que realizan agencias privadas especializadas en ciertas áreas, que evalúan que lo que se presenta como programa se cumpla.
Si bien las instituciones tienen una alta demanda por lograr su acreditación (98 han sido parte del proceso), en el caso de las carreras la situación es distinta. De los 9.383 programas vigentes, sólo el 23% está certificado. Medicina y Pedagogía son las carreras con mayores porcentajes de acreditación, lo que se debe a que la ley obligó a que estén certificadas para que puedan entregar títulos.
En el resto de las carreras el sistema es voluntario, por lo que aquellas sin evaluar pueden entregar títulos sin problema. Así, la única diferencia entre una carrera acreditada y otra que no lo está es que la primera fue evaluada en su calidad por agentes externos que confirmaron la validez de su plan de estudios y la segunda no.
¿Cuáles están acreditadas y cuáles no? Un análisis del Consejo Nacional de Educación reveló que a septiembre de este año había 18 carreras que no estaban certificadas en ninguna de las instituciones que la imparten. Entre ellas están las ingenierías en Minas, en Comercio Internacional y en Finanzas. En el listado también figuran Psicopedagogía, Técnico en Geología y en Educación Parvularia.
Estas carreras se imparten en 935 lugares, concentran una matrícula de 58 mil jóvenes y tienen aranceles promedios de un millón de pesos.
Una carrera que no esté acreditada no implica que la institución no lo esté. Para Matko Koljatic esta información es una mala noticia. «Me parece muy mal porque la acreditación puede ser una señal de excelencia en la calidad de la educación y es preocupante que no haya información sobre la calidad de esas carreras», sostiene.
Lo que más llama la atención a Koljatic es que haya carreras de alta demanda laboral, como Ingeniería en Minas, que estén en esta situación. Otras, como Técnico en Educación de Párvulos, no tienen gran demanda laboral, pero sí están entre las 15 que más han aumentado su matrícula: de 960 alumnos de primer año en 2005, pasaron a 5.694 este año, por lo que en total hay 11 mil jóvenes estudiando esa carrera.
Koljatic reconoce que en un sistema que tiene casi 10 mil carreras ofreciéndose a lo largo del país, es muy difícil lograr que todas se acrediten. Es por ello que plantea que el proyecto de ley que cambiará el sistema de acreditación (que el Gobierno enviará las próximas semanas) busque que se acrediten facultades o unidades educativas, más que cada carrera. Este sistema permitiría mirar la calidad de la enseñanza en su conjunto, con una perspectiva más amplia. «Esto está apoyado en la evidencia internacional», comenta.
En medio del debate, uno de los cuestionamientos al sistema se ha enfocado en qué es lo que se evalúa. Es por ello que, este año, académicos de la UC presentaron un estudio para dar luces sobre el sistema.
Martín Bascopé, investigador del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación de la UC, cuenta que el trabajo que ellos hicieron sobre la acreditación en Pedagogías demostró que el indicador que menos se considera al momento de certificar un programa es la «efectividad del proceso de aprendizaje», que sólo aparece en 16,9% de las actas de acreditación.
En contraste, lo que más se mide es la vinculación de la carrera con el medio (76,9%), seguido de los recursos humanos (53,8%) y la infraestructura (52,6%). Bascopé explica que esto se debe en gran parte a que cuando se implementó el sistema había instituciones que tenían niveles precarios en sus recursos físicos, por lo que la revisión de estos aspectos era necesaria. Sin embargo, concluye que este tema ya se solucionó y que ahora los énfasis deberían estar en la calidad y el aprendizaje.
«En la investigación se detectó además que había varios momentos en los que las agencias acreditadoras pueden actuar a discreción, porque la normativa no contempla detalles como qué pasa con las carreras que tienen múltiples sedes, donde muchas veces no se van a ver todas las sedes y sólo se eligen algunas; o cómo definen los años «, explica. Es por eso que plantea la necesidad de que la normativa sea mucho más clara y definida para evitar vacíos que puedan afectar las acreditaciones.
Más de la mitad de las instituciones están certificadas entre 3 y 5 años
A diferencia de lo que ocurre con las carreras, la acreditación institucional es hecha directamente por los miembros de la CNA. Según la información de este organismo, 98 instituciones (entre universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica) han estado en el proceso. ¿El resultado? La gran mayoría obtiene certificación entre tres y cinco años y sólo unas pocas logran más de seis, que es el piso que el Gobierno quiere fijar a través de un proyecto de ley. La información revela que hoy sólo dos entidades tienen acreditación por siete años: UC y U. de Chile. «La lógica de los años es de lo peor que tiene el sistema, puesto que las opciones deberían ser acredita o no acredita», enfatiza el ex presidente de la CNA, Emilio Rodríguez.
El académico explica que bajo el sistema actual, lo que se demuestra es que las instituciones no acreditadas son las que «no son capaces de demostrar calidad» y que las con menos de cinco años «son instituciones no consolidadas en su calidad, y más bien son promesas de lograr una consolidación en el mediano plazo», por lo que afirma que «probablemente en un sistema de acredita y no acredita, la mayoría de ellas no acreditaría».
Así, sólo las instituciones que tienen más de cinco años ya muestran un nivel consolidado de calidad, y los siete años quedan para un sector de «élite» que podría, según Rodríguez, soportar cualquier evaluación internacional.
Fuente / El Mercurio