Robótica e inteligencia artificial en minería

Existe la creencia generalizada de que los robots y la inteligencia artificial compiten sólo con tareas básicas, y esto es un gran error.

Desde hace un tiempo y cada vez con mayor frecuencia se escucha en discusiones e incluso en proyectos operativos que la inteligencia artificial (IA) y la robótica, junto al Big Data, son el preámbulo necesario para el desarrollo de la Industria 4.0. En este contexto, cabe preguntarse si estos términos técnicos aportarán un valor real o no son más que la imagen de modernidad a la que se debe adherir.

Existe la creencia generalizada de que los robots y la inteligencia artificial compiten sólo con tareas básicas, y esto es un gran error. Muchas de las actividades y labores complejas también pueden ser automatizables. Tareas como un diagnóstico médico en base a síntomas e imagenología, o bien una resolución legal ante una controversia, pueden ser resueltas por una IA y luego validadas por un ser humano, más bien por una necesidad psicológica que real.

Algunos líderes de empresas mineras dicen que los trabajadores no deben preocuparse, que “la IA y los robots no vienen a quitarnos el trabajo, sino que permitirán hacer otras labores y en forma más segura». Afirmación completamente falsa, pues sí se podrían apropiar de ciertas tareas y a todo nivel.

Según un estudio del Ministerio de Hacienda, de 2016, entre un 30% y 50% de las horas laborales de funcionarios públicos corresponden a actividades que son automatizables, digitalizables o eliminables. O sea, al menos el 30% de estos funcionarios podría quedar sin trabajo, equivalente a US$1.000 millones anuales.

Desde 2014 a 2018, en consultorías, investigación y capacitación, he encuestado a planificadores mineros de largo plazo, de empresas provenientes de Chile, Perú y Argentina, con dos preguntas clave: la primera, ¿qué porcentaje de su tiempo lo destina a preparar datos, es decir, cambiar el formato del archivo, corregir leyes negativas, redigitar datos en papel, etc.? y la respuesta ha sido entre un 30% y un 50%. La segunda dice relación con ¿qué porcentaje ha destinado en fabricar el reporte, pegar gráficos o tablas, sin aún analizar, presentar, ni gestionar?, siendo éste entre un 20% y un 30%. La conclusión es que hasta el 80% del tiempo de estos profesionales podría ser automatizable, eliminando errores aleatorios de manipulación de archivos y datos, lo que a su vez les permitiría concentrarse en lo que agrega valor.

Está claro que la fabricación de informes y reportes en general no requiere IA, ni robótica. Lo que se hace imperativo es la determinación de ejecutar un cambio organizacional y cultural, que por razones de contingencia dadas por la naturaleza misma de la operación minera, se posterga o simplemente se descarta a la hora de generar una transformación o modernización real. Además del temor intrínseco de perder el puesto de trabajo.

Bajo este escenario, la IA permite ampliar significativamente el rango de actividades que se pueden automatizar, incluso a aquellas que se realizan a partir de la experiencia profesional, en la medida que se vaya acumulando un historial de datos para entrenar la IA. Y esta automatización no sería lo más desafiante para ella, sino que el descubrimiento de nuevas soluciones, algo incluso cercano a la innovación.