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¿Reactivación ad portas?

Mi impresión es que si se materializa el greenfield de Spence, más otros proyectos en Perú que son parcialmente realizados en Chile, la reactivación estaría asegurada.

La mayoría de los indicadores económicos mineros recientes muestran una nítida tendencia al alza o una mantención del precio de los metales básicos (en especial en Cu, Au, Ag, Mo), así como una sorpresiva alta demanda de algunos metales no tradicionales (Co/TTRR) y no metales (Li). Ello implica que existen bases sólidas para una reactivación del mundo minero.

Sin embargo, a mi juicio, la demanda de ingeniería de proyectos es el mejor estimador para definir si la añorada reactivación de la minería está próxima a empezar.

Desgraciadamente, los últimos antecedentes estadísticos de la Asociación de Empresas Consultoras de Ingeniería (AIC), que incluyen datos hasta el segundo trimestre del año en curso, aún no muestran una tendencia creciente de la ingeniería para la minería; más aún, el índice principal de esta actividad bajó un 16% en relación al trimestre anterior. Igualmente, la exportación de ingeniería chilena al mundo durante el primer semestre de 2017 sólo alcanzó un magro valor cercano a US$20 millones, menor que 2016 y seis veces inferior al mejor año registrado.

Por ello, debemos buscar otros antecedentes para detectar si el repunte de la actividad minera es real y permanente, o si ésta seguirá estancada a pesar de los buenos precios.

En ese contexto, la actividad de mi empresa, JRI, puede ser considerada un buen parámetro para definir las perspectivas de corto y mediano plazo del desarrollo minero. Esto, porque estamos cumpliendo 35 años de vida y somos reconocidos, tanto a nivel nacional como internacional, como una sólida firma de ingeniería, en especial para estudios pre-inversionales.

Cabe destacar que JRI no ha tenido grandes cambios en su dotación; se mantiene bastante estable incluso en épocas de crisis. Es así como durante los últimos diez años la dotación de profesionales ha tenido una media de 290, con una desviación estándar de 53 personas (+18%). Por ello, el backlog, o saldo contratado de servicios de ingeniería, puede constituir una forma adicional de detectar si hay una actividad mayor en el mundo minero.

Normalmente JRI tiene una demanda del orden de 30.000 a 35.000 HH/mes y el mínimo para sentirse confortable es de tres meses (100.000 HH). La situación actual es muy promisoria, ya que tenemos más de 200.000 HH (sobre seis meses), de los cuales más de un 90% corresponde a estudios pre-inversionales. Luego, este indicador permite augurar un futuro repunte minero en Chile.

Sin desmedro de lo anterior, hay un tema preocupante que debemos considerar. Hoy en el país casi no hay proyectos relevantes tipo greenfield en desarrollo; en cambio, a principios de esta década había varios casos en forma simultánea: Esperanza, Ministro Hales, División Andina, Caserones, Sierra Gorda. Y son los proyectos integrales nuevos los que implican más ingeniería, más adquisiciones, más construcción, más producción que aquellos de optimización y/o reemplazo.

Por tanto, la reactivación sólo surgirá en Chile cuando vuelvan a existir dos o tres proyectos greenfield en paralelo, complementados por muchos proyectos brownfield de expansión y optimización.

Mi impresión es que si se materializa el greenfield de Spence, más otros proyectos en Perú que son parcialmente realizados en Chile, la reactivación estaría asegurada, porque hoy en día hay muchos proyectos brownfield en diversas etapas de avance.

Es decir, la situación de la minería puede ser considerada de un moderado optimismo, con el potencial de reactivación que ojalá esta vez sepamos administrar adecuadamente y no existan los despilfarros e ineficiencias de la época del boom anterior.

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