(El Mercurio) «Lo preocupante no es la baja del precio sino que el incremento de los costos». Así de categórico es el presidente ejecutivo del Consejo Minero, Joaquín Villarino, cuando se le pregunta por la brusca disminución que experimentó el valor del cobre a inicios de semana, y que encendió las alarmas a nivel país.
Según el líder gremial, es un error mirar la industria en un corto plazo, pues los ciclos de precios altos y bajos se darán varias veces a lo largo de la vida útil de los yacimientos y compañías de este sector.
Además, Villarino reitera que el gran desafío de este rubro tiene relación con la baja productividad laboral, los altos precios de la energía y el extenso tiempo que demora la materialización de los proyectos de inversión.
En este sentido, dice que las alarmas por la caída en el precio del cobre son el reflejo de un país que se acostumbró a ver esta industria como la salvadora.
«La minería es una industria de largo plazo, no se afecta por situaciones coyunturales, y por lo tanto desde la propia industria no existe alarma. Sin embargo, hemos llamado a la cautela hace más de un año, en que venimos hablando de que tenemos un problema de competitividad. Desde el Consejo Minero dijimos que pensar que de aquí al año 2020 se iban a realizar proyectos por US$ 100 mil millones no era realista si no avanzábamos en competitividad. La preocupación que para algunos surge recién hoy tiene su origen en el exitismo que tuvieron ayer, si creyeron que la minería era capaz de todo y que se la podía recargar con todo», dice.
Además, el presidente ejecutivo de las grandes mineras estima que el precio del cobre en el mediano y largo plazo se situará cerca de los US$ 2,7 por libra, lo que, de acuerdo con un estudio encargado a Mackenzie, frenaría al menos un tercio de la cartera de proyectos hacia el 2020.
Trabajadores y energía
Dos de los temas que mantienen en alerta a la industria minera son la falta de proyectos eléctricos para el desarrollo de la minería y las movilizaciones de los trabajadores del cobre. Sobre esta última materia, Villarino no vacila en diferenciar la existencia de propuestas ligadas a la industria de otras que tienen un fondo político.
«Cada faena de una compañía minera y contratista es algo distinto y, por lo tanto, lo lógico es que se solucionen estas diferencias en una mesa de diálogo entre trabajadores y empleadores. Ahí se podrán buscar salidas a los problemas propios de la minería, pero hay que tener claro que esa mesa es incapaz, por definición, de solucionar demandas que van más allá de las propias de la relación laboral. Esas demandas que van más allá, y que las hemos visto manifestadas en reiteradas oportunidades, tienen que solucionarse por la vía política, en los momentos políticos adecuados».
-¿No se justifican las demandas relacionadas con el ámbito político?
«Más que injustificadas, me parece que son inconducentes porque en esa mesa no se podrán resolver esas demandas. Por eso creo que para canalizar esas demandas se deben buscar los caminos concretos. Utilizar la minería, que es una de las locomotoras que tira el desarrollo del país, no nos parece adecuado».
-¿Puede ser irresponsable usar la minería para estas demandas?
«Yo no lo calificaría así. Lo que pasa es que terminan afectando la productividad, disminuyendo los ingresos del fisco, disminuyendo los beneficios de los propios trabajadores en algunos casos y no solucionando sus problemas. Por eso debiera buscarse el camino correcto para cada una de las demandas tanto políticas como laborales».
-¿Es entendible que las eléctricas evalúen postergar centrales por el escenario minero?
«Una de las razones porque se paralizan proyectos mineros es porque no tienen energía competitiva. Es un contrasentido que las empresas eléctricas no sigan invirtiendo».
«Las generadoras tienen que asumir los riesgos propios de todo negocio y no pueden aspirar a tener un negocio con cero riesgos. Toda actividad empresarial implica asumir riesgos y la generación eléctrica no puede excluirse de esto».
US$ 2,7
por libra es el precio promedio de mediano y largo plazo que estima el Consejo Minero para el cobre, de acuerdo con un estudio de Mckinsey.
«Esas demandas que van más allá y que las hemos visto manifestadas tienen que solucionarse por la vía política».
«Desde la minería tenemos que proyectar tranquilidad, no plegarnos a la alarma, porque lo que realmente nos preocupa es el control de los costos».
Fuente / El Mercurio