Una jornada en terreno con el ministro de Minería

Más de 13 horas dura su día. Viaja fuera de Santiago al menos dos veces a la semana. El ex decano de la Facultad de Ingeniería de la UC es detallista y apasionado por el fútbol y la Católica. Carolina Álvarez y Miguel Concha

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(El Mercurio) Pese a ser el principal sector económico del país representando cerca del 20% del PIB nacional, el Ministerio de Minería es, quizás, uno de los menos mediáticos.

Tranquilo también es Hernán de Solminihac, ex decano de la Facultad de Ingeniería de la UC y que a partir de junio de 2011 pasó a liderar esta importante cartera, que vela por un sector que suma exportaciones anuales por US$ 50 mil millones.

Para conocer la jornada de trabajo de este ministro, «El Mercurio» lo acompañó por todo un día en sus labores, que partieron desde su casa a las 7 de la mañana.

Conocido en la opinión pública como un tipo serio, técnico y fuera del espectro político, Hernán de Solminihac es uno de los pocos secretarios de Estado que se han mantenido en el gobierno desde el primer día. Tras aceptar la invitación que le realizó Cristián Larroulet, a nombre del Presidente, para encabezar primero el Ministerio de Obras Públicas, y ahora el de Minería, De Solminihac se ha mantenido firme en el gabinete.

En este recorrido conocimos la labor administrativa que ejecuta, su trabajo en terreno, el estilo detallista como ingeniero y su satisfacción por participar en este gobierno. Además nos reveló su pasión por el fútbol y la Católica, y su veta humorística.

En las más de 13 horas, el ex decano de la UC recorrió los túneles de El Teniente, compartió con un pequeño productor minero, se reunió con sus jefes de servicio y aprovechó de hacer más de alguna llamada para saber de su familia.

La llegada al Gobierno luego del largo paso por la academia en la UC
Son las 7 AM en punto y el ministro de Minería, Hernán de Solminihac Tampier, sale de su casa en Las Condes vestido de traje y corbata. Saluda de forma enérgica y, pese a la hora, no muestra ni una pizca de sueño o cansancio, no así su mascota, un perro de ladridos disfónicos.

Aníbal, su chofer, tiene el auto listo para partir. De Solminihac comenta entre risas que debido al tiempo que pasan juntos cada día, el conductor se ha transformado casi en su mejor amigo. El ministro sale a terreno por lo menos dos veces a la semana.

Aníbal trabaja con él desde que el titular de Minería debutó como ministro el año 2010 en Obras Públicas (MOP). El conductor dice que su jefe «es muy de piel» y que no le extrañó la reacción de los empleados del MOP, que lo despidieron entre lágrimas y aplausos cuando dejó esa cartera.

Antes de trabajar para el Gobierno, De Solminihac solo se había desempeñado como académico. Fue profesor desde 1982 y decano de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Católica de Chile a partir del 2004, la misma Escuela donde se tituló.

Confiesa que no sabe por qué llegó a ser candidato para conformar el gabinete del Presidente Piñera, pero tiene sus sospechas: algunos de quienes fueron nombrados ministros pasaron por sus clases, como Laurence Golborne.

De Solminihac dice que el llamado de Cristián Larroulet (Segpres) proponiéndole participar en el Gobierno fue inesperado. Nunca se lo había planteado, pero luego de una serie de entrevistas, aceptó la proposición en Obras Públicas (OO.PP), el área que domina. Dice estar muy agradecido de Sergio Bitar, que lo precedió en el MOP. «Me junté varias veces con él. Llené cuadernos completos con apuntes de las cosas que me explicaba», afirma.

Por decisión del Presidente, en julio de 2011 el ministro pasó de la cartera de OO.PP a la de Minería, y la situación cambió. No manejaba tanto los temas y al comienzo le fue difícil tratar con la prensa. «Los periodistas empezaron a preguntarme qué proyectos tenía y recién había sido nombrado. ¡Ellos eran más expertos que yo en el tema!», recuerda entre risas.

Siendo estudiante ganó un concurso de chistes en Sábados Gigantes

Son las 9 de la mañana y el ministro de Minería se encuentra en las oficinas de El Teniente de Codelco, recibiendo el clásico overol naranja que distingue a sus trabajadores. Se siente como en casa.

De Solminihac reconoce que le gusta recorrer yacimientos y que durante estos dos años a cargo de la cartera se ha empapado de la labor de los empleados del cobre. Este estilo es reconocido por el personal de la estatal, quienes no recuerdan que otro ministro de Minería haya bajado a estos túneles.

Completamente vestido como operario, saluda al personal y no se demora ni un segundo en lanzar la primera talla. Y es que este ministro es reconocido en su círculo más íntimo por su rapidez para lanzar chistes y por su buen humor. Buen humor que incluso fue puesto a prueba ante los mismísimos ojos de Don Francisco.

En un capítulo poco conocido de su vida, el ministro de Minería cuenta que en sus años como estudiante de la UC fue nombrado Toki de alianza. «Nos daban puntos por aparecer en un programa de televisión. Fui a Sábados Gigantes, que tenía una sección llamada «Buscando el nuevo rostro del humor» para contar un chiste. Lo más divertido es que gané el concurso», cuenta el ministro entre risas.

En su visita a El Teniente, el secretario de Estado recorre los túneles del actual yacimiento y también se da un espacio para observar los trabajos del nuevo nivel mina del yacimiento en la VI Región.

Se sube a camiones para preguntar la tecnología que utilizan, consulta a quienes lo acompañan sobre las medidas de seguridad y, como buen técnico, solicita información sobre los refugios y características de los túneles. También pregunta por el rol de las mujeres y las tecnologías que se implementarán en el nuevo nivel mina de El Teniente.

La importancia de apoyar la pequeña minería y su pasión por la Católica

En una jornada, el ministro puede pasar de la mina subterránea más grande del mundo a una pequeña veta de oro operada por pequeños mineros. Son las 16 horas, y De Solminihac visita a Hugo Gómez, un humilde productor de la localidad de Chancón, VI Región, que vive de los recursos que extrae.

Este minero cuenta que gracias a programas que impulsa el gobierno recibió una serie de beneficios para poder mejorar su producción. Y lo logró. Pasó de extraer 30 toneladas mensuales a 250 toneladas, solo gracias a la mejora en sus instrumentos.

El dato no deja de sorprender al ministro, que fue a observar en terreno las nuevas maquinarias y la instalación de dos módulos. En esa visita, el secretario de Estado entró a la veta, consultó sobre la complejidad de subir por el cerro los módulos y pidió información respecto de las fiscalizaciones que realiza Sernageomin en el lugar.
Tras despedirse, y dejando de lado sus funciones como ministro, De Solminihac aborda una de sus grandes pasiones: su fanatismo por la Universidad Católica.

A lo largo del día siempre se dio un espacio para repasar la historia de los cruzados. Desde las más grandes frustraciones como la derrota frente a la Universidad de Chile en la final de 2011, hasta las alegrías que le producen recordar grandes planteles como los conformados por el «Pipo» Gorosito y el «Beto» Acosta.

Dice que cada vez que puede baja a los camarines para saludar a los jugadores. Y que junto al ministro de Hacienda, Felipe Larraín, siempre están presentes en el estadio para alentar a la franja. Y es que su anterior paso como director de club entre 2005 y 2010 como representante de la fundación, le ha permitido hacerse un nombre en esa institución.

«Los muchachos me saludan de forma muy cariñosa. Toselli, Gonzalo Sepúlveda, Valenzuela y el Milo, entre otros, siempre son muy atentos conmigo», confidencia.

Su futuro post gabinete y su escaso tiempo para la familia
Son las 20 horas y el ministro acaba de terminar una reunión con representantes de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), la Empresa Nacional de Minería (Enami), el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y el seremi de la Región Metropolitana.

Luce casi tan impecable como en la mañana, salvo por unas manchas de tierra en su pantalón. Su estilo lo llevó a ensuciarse en la veta de pequeña minería cuando entró a conocer el túnel sin un overol de trabajo que cubriera su ropa.

La cita con las instituciones relacionadas con el Ministerio de Minería fue en una sala al lado de su oficina. Le comunicaron avances en la gestión de la cartera y reportes de cada una de las entidades presentes. De vez en cuando, De Solminihac hacía algunas preguntas, comentarios y pedía adelantar ciertos proyectos. Al final del encuentro se despidió de todos con la misma energía del primer saludo del día, trece horas atrás.

Este ritmo de trabajo no es inusual para el ministro; por lo menos es así tres veces a la semana. Asegura que no ha tomado vacaciones y que la falta de horarios fijos le ha restado tiempo que antes destinaba a su familia. Está casado con Alejandra Aranda y tienen cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres. La mayor tiene 24 y el menor 15. Con ellos dos va al estadio a ver a la UC, una de las pocas actividades que ha logrado mantener con ellos. «Antes llevaba a mis hijos al colegio y los ayudaba a hacer las tareas. Ahora no puedo», comenta. Pero agrega que lo positivo de este trabajo es que dura solo cuatro años y está finalizando.

Aún no tiene claridad respecto de a qué se dedicará cuando termine el gobierno, pues dice que está con su cabeza metida en un 100% en las funciones del ministerio. Ante las alternativas, reconoce que no está seguro si aceptaría volver a la academia.

20:25. Camina nuevamente a su oficina y acomoda unos papeles en su escrito:

-¿Se va ministro?
-No, todavía me queda trabajo por hacer.

Fuente / El Mercurio

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