Grandes minas en Perú y en Chile que suministran al mundo de cruciales metales han empezado a bombear agua del Océano Pacífico hacia los Andes debido a que la escasez crónica de agua se exacerbó por recientes cambios climáticos.
Aprovechar el agua del mar permite a las mineras evitar depender de los impredecibles ríos, que podrían comenzar a secarse debido al descongelamiento de los glaciares, y prevenir conflictos con los agricultores, cuyos pueblos en las montañas usan el agua de los afluentes de la superficie.
«El agua siempre genera conflictos entre las minas y los agricultores, entonces esta es una buena alternativa porque la fuente es ilimitada,» dijo Germán Arce, que dirige Cerro Lindo, una nueva mina de la peruana Milpo .
El agua del océano es gratis, excepto por el transporte y el tratamiento.
Cerro Lindo depende enteramente del agua del mar que es filtrada en una planta de desalinización y enviada a 1.800 metros sobre el nivel del mar, en una gruesa manguera verde que llega a la mina, a su refinería de zinc, cobre y plomo, y a sus 700 trabajadores que viven allí.
En Chile, Antofagasta Minerals abrirá pronto la mina de oro y cobre Esperanza, de 1.500 millones de dólares. Así como Cerro Lindo en Perú, será la primera mina de ese país totalmente dependiente del agua de mar.
El proyecto Esperanza, ubicado en el desierto de Atacama, uno de los más secos del mundo, transportará agua del océano por una tubería de 145 kilómetros hacia una altitud de 2.300 metros.
En promedio, la mina requiere de millones de litros de agua durante el curso de su vida, unos 40 años, teniendo acceso a agua fiable cada vez más importante ante el calentamiento global y el crecimiento de la ciudades.
Fuente / Reuters