Rescatistas reconocen pesimismo en búsqueda de mineros en Nueva Zelandia

La presencia de gases tóxicos impedía entrar a la mina por el temor a nuevas explosiones.

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(La Tercera) «Aún estamos optimistas (…) pero prevemos todas las posibilidades y, como parte de este proceso, nos preparamos para la posible pérdida de vidas», reconoció ayer, por primera vez, Gary Knowles, comisario policial y jefe del equipo de rescate que busca a los 29 mineros que desde el viernes están atrapados, a unos 150 metros de profundidad, en la mina de carbón Pike Coal en Greymouth, al sur de Nueva Zelandia.

Las declaraciones de Knowles impactaron a los familiares de los trabajadores desaparecidos que, a primera hora del lunes, habían sido informados sobre la presencia de gases tóxicos en la mina, por lo que se temen nuevas explosiones e impiden iniciar las labores de rescate. «Todo el mundo está frustrado, todo el mundo está molesto», dijo a la agencia The Associated Press Laurie Drew, padre de Zen, de 21 años, uno de los mineros sepultados. «Hay momentos en que puedo mantener la esperanza, pero en el fondo, mi corazón sangra, como el de todos los demás», agregó.

Hasta ahora, la empresa Pike Coal aseguró que continúa haciendo monitoreos de la calidad del aire cada media hora. Por la tarde de ayer, una perforadora con cabeza de diamante avanzaba en la construcción de un orificio de 15 centímetros de diámetro y 162 metros de largo, por el cual se pretende introducir una cámara láser de alta resolución, con la que se busca establecer cuáles son las condiciones al interior de la mina. Ayer, los rescatistas enviaron un robot al que se adhirió una cámara de mayor nivel, para recorrer los túneles en búsqueda de los trabajadores. Sin embargo, la máquina suspendió sus labores tras verse afectado por la humedad. En horas de anoche, el Ejército envío un segundo robot para intentar dar con los mineros.

Con todo, los especialistas reiteraron que toda la operación depende de que haya certeza de que el avance de estos robots no produzcan chispas u otros incidentes potencialmente inflamables, que puedan generar nuevas explosiones al interior del yacimiento.

Investigaciones preliminares indican que la acumulación de gas metano sería la causa de la explosión. Daniel Rockhouse, uno de los dos sobrevivientes a la explosión, relató que el estallido fue «como un disparo, pero mucho, mucho más ruidoso. Me levanté y había humo tóxico por todas partes, peor que fuego. Sabía que era monóxido de carbono y debía salir de allí», dijo el minero, que tiene a un hermano entre los atrapados.

Peter Whittall, gerente general de la mina, explicó que los trabajadores sólo tenían comida para un día y algunos temen que puedan estar a oscuras, ya que las linternas de sus cascos se habrían apagado después de 24 horas. Todos estarían equipados con zapatos de seguridad, tapones para los oídos y guantes a prueba de fuego.

Si bien el pesimismo era evidente entre los rescatistas, las familias se aferran a la esperanza de lo ocurrido con los 33 mineros atrapados en Copiapó y también al rescate de los 29 chinos rescatados ayer desde una mina de carbón en Sichuan, que sufrió una inundación.

Fuente/La Tercera

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