(Cesco)
Señor director:
La columna “El excremento del Diablo” del señor Moisés Naím, publicada hace unos días por este diario, sostiene que los recursos naturales son una maldición, citando para ello los ejemplos del petróleo, los diamantes, el gas y el cobre.
La relación entre los recursos naturales y el desarrollo es una cuestión compleja y crucial para países como Chile. Los recursos naturales son un factor productivo especial, pues son susceptibles de generar grandes rentas en períodos de boom, así como pueden provocar un impacto fluctuante a la economía nacional, dependiendo del ciclo económico mundial.
También porque su explotación eficiente se alcanza con grandes escalas de producción -lo que requiere inversiones muy altas- y porque generan un impacto local importante.
Es cierto que otros modelos de desarrollo, por ejemplo, en base a trabajo barato y relocalización de transnacionales en países asiáticos, han demostrado mayor efectividad y rapidez.
Sin embargo, existen casos evidentes de éxito en países que han basado su desarrollo en recursos naturales, como los nórdicos y Australia. El determinismo que se deriva de asumir que los recursos naturales son una maldición -o una bendición debe evitarse, pues se corre el riesgo de desviar el foco de los esfuerzos del país en pos de la identificación de las políticas que son útiles -en un país como Chile- para alcanzar el desarrollo.
En ello se ha avanzado, pero aún queda un trecho por recorrer.
Juan Carlos Guajardo B.
Director ejecutivo Cesco