(El Mercurio) Es un consenso generalizado entre los expertos económicos que el mayor desafío para el crecimiento de Chile en los próximos años recae en la productividad. Pero a la tarea, considerada uno de los pasos más relevantes para lograr el desarrollo de nuestro país, aún le falta un largo trecho por recorrer.
Las últimas cifras recopiladas por el Conference Board muestran que la productividad de los trabajadores chilenos creció 4,24% en 2012, la cifra más dinámica entre los 34 miembros de la Organización para el Desarrollo Económico (OCDE). También es el segundo mayor avance entre los 50 principales mercados del mundo (excluyendo a China e India, cuyos datos no están disponibles). Sin embargo, la expansión aún no basta para reducir la amplia brecha con el mundo desarrollado.
Ello porque, en promedio, cada trabajador chileno produjo el año pasado US$ 16,96 por hora. Una cifra que si bien es superior a los US$ 16,2 de 2011, posiciona al nivel nacional como el más bajo de la OCDE, cuyo promedio es superior a los US$ 20.
La medición -que se realiza dividiendo el Producto Interno Bruto (PIB) por las horas trabajadas al año por el número total de empleados- deja a la mano de obra de Luxemburgo, Noruega y EE.UU. como las más productivas entre los países de la organización. Todos poseen niveles sobre los US$ 63 por hora.
Si comparamos el aporte de los trabajadores chilenos con otras economías de referencia fuera de la OCDE, la situación tampoco es auspiciosa. En Singapur el nivel supera los US$ 43, mientras que en Argentina el monto es mayor a US$ 20.
El economista jefe del Conference Board, Bart van Ark, dice que es normal que las economías emergentes y en desarrollo, que tienen niveles más bajos de productividad en comparación con los desarrollados, muestren más crecimiento en este factor. Sin embargo recalca que «en promedio, los países de América Latina se caracterizan por un aporte per cápita equivalente al 24,7% del nivel de Estados Unidos en 2012, con Chile llegando a 33%».
Razones de la brecha
Los expertos aseguran que las habilidades de los trabajadores chilenos y su equipamiento explican su debilidad frente a los países industrializados.
«No es que la mano de obra chilena sea intrínsecamente menos eficiente que la europea (aunque en parte lo es por su menor preparación), sino porque se desempeña con equipos y tecnología menos de punta, por lo que su productividad es significativamente menor. Cualquiera trabajando con una grúa va a tener mayor productividad que el que cava hoyos con una cuchara», dice Joseph Ramos, economista de la Universidad de Chile.
Para el decano de la facultad de emprendimiento y negocios de la Universidad Mayor, y ex ministro de Estado, Felipe Morandé, la brecha de Chile con los países OCDE se debe además a que «las horas trabajadas en el país son poco efectivas en comparación a Europa, cuyas jornadas laborales son mucho más cortas pero más productivas».
Desde Nueva York, Bart van Ark dice que para que las economías emergentes se pongan al día deben centrar su atención en crear una mano de obra más calificada con el fin de utilizar el capital y la tecnología de manera más productiva.
Respecto al destacado crecimiento de Chile en 2012, los expertos dicen que la tendencia no fue por factores directamente relacionados con un avance en la preparación de la fuerza laboral del país. Joseph Ramos argumenta que el avance de 4,24% de la productividad se debe a que el PIB chileno en 2012 creció alrededor de 5,6% y el empleo total se expandió a mucho menor ritmo (en torno a 1,5%).
La falta de un despegue en la productividad nacional preocupa a los expertos, más aún considerando que el aporte por hora de los trabajadores de la minería -la principal actividad de la economía chilena- sólo creció 36% desde el 2000 a la fecha, mientras que sus remuneraciones subieron 82%.
Fuente / El Mercurio