Nada menos que US$ 180 millones adicionales en medidas de mitigación y compensación de daño ambiental gastará Barrick Gold en llevar adelante su proyecto Pascua Lama en la Tercera Región.
Cifra nada despreciable tomando en cuenta que la minera ya tiene aprobado, en 2001, un Estudio de Impacto Ambiental (EIA) de este yacimiento y que la decisión que deberá tomar la Corema -que empezó a sesionar ayer y que decidirá hoy el futuro de la iniciativa- se refiere a si acepta o rechaza el segundo EIA presentado por la minera.
Por ello es que en caso que la Corema opte por rechazar el nuevo EIA de Barrick Gold, los temores de la autoridad y algunos sectores de la comunidad se fundamentan en qué pasará con las 17,6 millones de onzas de oro y 630 millones de plata que hay en la zona.
Una de las opciones sería que Barrick decidiera llevar adelante el proyecto que fue aprobado en 2001.
Si bien es una acción que se enmarca en la legalidad, desde la compañía canadiense se asegura que esta opción no sería ejercida. En términos de imagen la minera se vería afectada ya que ese estudio es fuertemente cuestionado ambientalmente y, además, ese proyecto es restringido respecto a las aspiraciones de Barrick con la actual iniciativa.
«Para nosotros sería un gran error que no se aprobara la modificación (al EIA presentado en 2001 por Barrick). Si no se aprueba, la empresa sí puede ejecutar su proyecto y eso sería una aberración desde el punto de vista ambiental», dice el presidente de la Junta de Vigilancia del Valle del Huasco, Fernando González.
La otra opción en caso de no aprobarse sería deshacerse de estos activos, alternativa que en Barrick ven como más realizable, lo que implicaría un cambio de propiedad de estas reservas que poseen un EIA ya aprobado. Más aún, en la minera se asegura que de no poder llevar adelante Pascua Lama, Cerro Casale -otro de los proyectos mineros de la región- también vería frustradas sus posibilidades de ver la luz.
Este argumento, junto a los empleos directos que generará Pascua Lama, es una de las razones por las cuales en organizaciones ambientalistas se asegura que el Gobierno está «presionado» a aprobar el actual proyecto.
Y es que en su segundo EIA, Barrick incluyó una serie de medidas para mitigar y compensar posibles daños ambientales. Éstas generaron una serie de cuestionamientos a la empresa ya que ésta llegó a un acuerdo con los representantes de los agricultores de la zona para presentar en conjunto una serie de indicaciones a su segundo EIA.
Cronograma
El proceso que deberá seguir la Corema es estricto. El cronograma legal apunta a que hoy se dará el el veredicto final al proyecto que puede ser informado hasta el 22 de febrero. De aprobarlo, el inicio de las obras comenzaría en mayo de este año, la preparación de la construcción en septiembre de 2006 y la operación en 2009.
Posterior al acuerdo con los agricultores de la zona -que contempla la entrega de US$ 60 millones como medida de mitigación y compensación-, Barrick entregó su segundo EIA con una serie de modificaciones. Entre ellas las más importantes apuntan a la disminución de las hectáreas de glaciares a intervenir.
Si el proyecto original contemplaba que 10 hectáreas de los glaciares Toro 1, Toro 2 y Esperanza serían interceptadas, el actual sólo contempla 5 de ellas. Más aún, se atrasa este procedimiento de tal modo que la remoción de hielos se realizará en el año 2009 finalizando en el 2017.
A la vez se agregó una serie de medidas adicionales que contemplan cambios en aspectos como el tratamiento de drenajes ácidos, monitoreo de calidad de las aguas, manejo de residuos sólidos, sistema de manejo de aguas, emisión de polvo, entre otros. También se comprometió a apoyar la construcción de un embalse en la parte alta del Río del Carmen como medida de mitigación.
Según la empresa este tipo de medidas eran innecesarias desde el punto de vista ambiental, pero que ahora hacen del proyecto el «mejor desde el punto de vista ambiental».
Fuente / El Mercurio