En el negocio de las joyas, no todo lo que brilla es oro. Las continuas subas en el precio internacional del metal —que encarecieron los artículos de joyería un 50% en el último año— redujeron notablemente las ventas en el mercado local.
Sin embargo, los joyeros artesanales, desde sus pequeños talleres, en su mayoría con maquinarias vetustas, siguen produciendo y complementan la oferta de productos importados.
«Nuestra gran competencia son los perfumes», se lamenta Yago Alaimo, secretario de la Cámara Argentina de Joyería, Relojería y Afines. «Porque a la hora de regalar, la gente que antes pensaba comprar una joya, hoy decide gastar un poco menos y termina regalando un perfume. Sobre todo teniendo en cuenta el problema de la inseguridad, que inhibe a la gente a salir de su casa mostrando joyas», cuenta.
No obstante, el negocio tiene una estacionalidad definida: para el día de la Madre, para las Fiestas y durante el verano, los consumidores deciden gratificarse la vista además del olfato, según el dueño de Passaparola, una de las empresas fabricantes del mercado. La firma participó recientemente —junto con otras 50 empresas— en la exposición «Mundo Joya», organizada con la intención de estimular las ventas.
En el país, hay aproximadamente unos 10.000 talleres y unos 20.000 comercios, muchos de los cuales abarcan las dos partes del negocio: la venta y la compra de metales.
La gente que suele vender sus pertenencias de oro, por ejemplo, percibe un 70% del valor del oro fino, según la cotización del momento. En cambio, las joyerías más grandes, sólo se dedican a la venta de joyas y relojes.
Sumando a los fabricantes, importadores y quienes venden productos afines, el sector mueve unos US$200.000.000 al año. Una cifra aproximada, dado que buena parte de las transacciones en este rubro se negocian en el «mercado paralelo».
Fuente / Cronista