Ivan Violic es ingeniero civil de la Universidad de Chile, MSc. de la Universidad de Berkeley, y ha ejercido en importantes cargos en operaciones, proyectos y recursos humanos en la industria minera. Actualmente es socio y consultor senior de Downing Teal Chile.
En estos tiempos estamos viviendo un proceso de cambios sociales, con demandas de participación y de expectativas que son relevantes. Estas demandas por cambios no son algo especial de nuestra época; la Historia nos muestra la serie de cambios que se han producido en la Humanidad y donde vemos que la forma cómo las sociedades se han adaptado a esos cambios ha resultado en evoluciones graduales o en resultados que, a veces, han llegado a ser dramáticos.
El tema de fondo es que estamos formando, con sus luces y sombras, una nueva generación de jóvenes con características diferentes a las generaciones anteriores. Sin entrar en mayores detalles, lo que da para un análisis más profundo, vemos que esperan una participación más activa en las decisiones, mejor información y fundamentación de los planes y acciones, resultados en corto plazo, expectativas de desarrollo acelerado, con un mejor balance entre trabajo y calidad de vida,
En la minería esta nueva generación de jóvenes nos plantea nuevos desafíos, tanto hacia dentro de la empresa como en la forma en que nos relacionamos con la sociedad en su conjunto.
Al interior de la empresa, si combinamos las nuevas características de las personas que se integrarán en los próximos años –con la conocida escasez de profesionales que ya estamos empezando a vivir– se presenta un doble desafío de cómo atraer, motivar y retener a los mejores talentos que requeriremos para enfrentar los desafíos de la minería. Es el tiempo para revisar algunos aspectos de cómo nos organizamos y cómo lideramos a una fuerza de trabajo que ya no ve la relación con la empresa como una de dependencia laboral, sino como una relación de negocios, de iguales, y que dura mientras sea conveniente para las dos partes.
Por otra parte, en las relaciones con la comunidad y la sociedad en general, el desafío es validar a la actividad minera como integrante activo en el desarrollo social y en el crecimiento integral de las personas. En la situación actual de altos precios, la magnitud de los montos de dinero que se manejan en la minería son de otra escala en comparación con los montos que se manejan en promedio de otros sectores y de lo que se discute sobre los programas y requerimientos del Estado, lo que amerita una reflexión más profunda de su forma de actuar. Sin descuidar el imperativo de eficiencia, productividad y rentabilidad, claramente hay espacios para mejorar, por ejemplo, en la forma en que nos relacionamos con los colaboradores externos o en nuestra integración y participación activa en las necesidades de las comunidades donde se desarrollan nuestras operaciones.
Necesitamos cambiar el bajo perfil que nos caracteriza y reflexionar, en este escenario de grandes utilidades sobre la forma cómo estamos aportando y cómo es percibido ese aporte al bienestar y desarrollo de la sociedad. En este nuevo escenario es importante lograr una mejor imagen ciudadana de nuestra industria, que sea también atractiva para integrar a otros talentos a una industria moderna, de alta tecnología y de gran impacto en el desarrollo de las personas y del país.