Fue en plena amenaza del huracán Gustav cuando los analistas consultados por «El Mercurio» se atrevieron a pronosticar que el petróleo bajaría de los US$ 100 hacia fines de año, impactado por la desaceleración generalizada de la economía mundial.
Pedro Baridón, vicepresidente Senior de World Petroleum Council, sostuvo que ni la tormenta Gustav ni el conflicto en Rusia, y tampoco las declaraciones de los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), previo a su reunión el 9 de septiembre, podrían modificar en forma sustancial la tendencia a la baja que se ha visto desde julio (cuando el barril llegó a US$ 145,68) y que volvió a reflejar ayer cuando el crudo cerró en US$ 109,7.
En ello también influyó la decisión de EE.UU. de liberar 250 mil barriles de su reserva estratégica, para cubrir los daños del Gustav.
Según Elie Habalián, ex director de Venezuela ante la OPEP, el escenario más probable es que esa entidad mantenga las cuotas actuales de producción y asegura que será la economía mundial «técnicamente en recesión» la que frustre la intención de cualquier huracán u otro fenómeno de influir en el precio, fuera de incrementos insignificantes.
El cobre ayer volvió a caer hasta los US$ 3,27, una baja de 1,98% frente al lunes. Con ello, la caída acumula más de 24% desde su precio máximo el 3 de julio, cuando llegó a estar en US$ 4,07 la libra en la Bolsa de Londres.
Sin embargo, analistas locales mantienen sus buenas proyecciones para el precio del cobre. Ello porque cualquier precio por sobre US$3, y hasta US$ 2, es bueno al compararse con los precios históricos.
Francisco Errandonea, subgerente de estudios de Santander GBM, explica que mantienen una expectativa alta del promedio anual (en la parte alta de los US$ 3), debido a la demanda china, que seguiría siendo fuerte en lo que queda del año. La baja del cobre obedecería a la baja del crudo por ser uno de los productos que se usa en su elaboración, explica.
Katherine Boragk, de Celfin, explica que los commodities han retrocedido por la fortaleza del dólar y destrucción de demanda, ante altos precios y la desaceleración del crecimiento mundial. Además, los commodities no habían bajado, porque todavía se creía en el desacople de los emergentes de la desaceleración económica.
Fuente / El Mercurio