(La Tercera) Una llamada en agosto de 2010 encendió la alerta. Los miembros de la orden Sufi Naqshbandi, en Villarrica, una milenaria congregación musulmana que tiene sus orígenes en Medio Oriente, no tenían televisor, pero estaban enterados de que habían encontrado con vida a los 33 mineros que desde el 5 de agosto estaban atrapados a más de 700 metros de profundidad en el refugio de la mina San José, en pleno desierto de Atacama.
El mensaje del sheik Nazim Al Haqqani, líder espiritual de la orden, fue claro. “Díganle a la gente de allá abajo que rece esta oración y saldrán con vida”.
Rápidamente, armaron una encomienda con 33 protecciones colgantes, un libro sobre sufismo, una foto del sheik Nazim y una carta para cada minero, escrita por Abdul Matin, representante de la congregación en Chile, señalando la oración “La ilaha ill Allah”, que en español significa “no hay más dios que el único Dios”.
Después de casi dos semanas, y gracias a una de las hijas de Omar Reygadas, lograron enviar la encomienda a través de la paloma que administraba su padre en el refugio.
La noticia del exitoso rescate de los mineros también fue seguida por el sheik Nazim. Con 92 años y en inglés, subió un mensaje a internet festejando el hecho. “Porque salieron y porque hicieron el máximo esfuerzo para salvar a sus hermanos, les voy a mandar un pequeño regalo a los 33 mineros. Tocaron mi corazón”. El regalo consistió en una suma cercana a los 350 mil pesos para cada minero.
Una vez fuera de la mina, Abdul Matin invitó a Omar Reygadas a Chipre. Junto a Darío Segovia fueron a conocer al sheik Nazim. “Llegaron en el más absoluto anonimato. No había cámaras ni gente esperándolos. Fue la primera vez, desde que salieron de la mina, que estuvieron tranquilos”, cuenta Matin.
“El sheik nos pidió que no entráramos nunca más a una mina”, cuenta Omar Reygadas al recordar la visita. “Dijo que nos ayudaría para que no necesitáramos nunca más trabajar en esto, y así lo ha hecho. En dos años, ha sido el único que no se ha olvidado de nosotros”.
Desde el día del primer envío, el sheik turco manda cada dos o tres meses ayuda económica a los 33 mineros, quienes después de dos años se reparten el dinero entre los que están desempleados o más inestables económicamente. “Cuando salimos, fuimos una luz para él. Ahora los 33 somos sus hijos, se creó una amistad y preocupación”, dice Esteban Rojas, el minero número 18 en salir.
“Segovia se tomó el mensaje en serio”, explica Matin. “Juntó todo el dinero de las donaciones, incluidas la de Farkas y la del Estado, y se compró un camión. Instaló una empresa de transportes y le puso “Transportes Maulana”, que en árabe significa “Maestro”.
En Alto del Carmen, a unos 10 kilómetros de Vallenar y en el sector llamado Las Porotas, se encuentra un centro Sufi. Los lugareños casi no lo conocen. Luego de un camino de tierra lleno de curvas y entre quebradas, se puede llegar al centro, construido con adobe, paja y madera.
se extienden desde las 11 hasta las 19 horas. Abdul Rauf, representante Sufi en la Región de Atacama, los recibe. “Es un trabajo sicológico muy profundo. Recién estamos en el comienzo de un proceso que sólo Maulana sabe cuándo terminará”, explica.
Para el primer encuentro fueron 22 mineros. Con el tiempo, y debido a los trabajos que algunos han encontrado, el grupo ha disminuido. “La ayuda psicológica que tuvimos de la ACHS fue de sólo tres meses. A muchos les costó encontrar trabajo, otros se separaron. No estábamos bien”, cuenta Pedro Cortés, otro de los mineros que participan en estos encuentros.
“Estas terapias nos ayudan, logramos comunicarnos mejor con nuestras familias. Es más potente que la terapia normal”, cuenta Esteban Rojas.
Sin zapatos, con respiración profunda y en medio de los cerros de Alto del Carmen, los mineros buscan rehacer su vida.
Fuente / La Tercera