(La Tercera) Las empresas se rodean hoy de una incertidumbre infinita y en expansión, dice parte de la convocatoria al II Congreso Empresa y Sociedad, que realizará Icare este jueves 1 de agosto. Y, precisamente, uno de los paneles será dedicado al tema de la incertidumbre, el dinamismo social y la adaptación del mundo empresarial a ese nuevo contexto. En él expondrán Enrique Cueto, CEO de Latam Airlines Group, y Bernardo Larraín, presidente de Colbún, quienes adelantan aquí sus ideas sobre la materia.
El encuentro se realizará el día después de que Icare conmemore su sexagésimo aniversario, que otorgará el Premio Icare 60 años a la Institucionalidad Económica Chilena, considerando “su aporte decisivo a la estabilidad y progreso social, económico y político del país, lo que ha permitido, a su vez, elevar progresivamente el bienestar de los chilenos con el desarrollo de la iniciativa privada y la base empresarial nacional”.
Larraín y Cueto creen que el cambio de época se define, entre otras cosas, por una clase media emergente y más empoderada, la mayor facilidad para organizarse y la formación de entidades en torno a diversas temáticas. “Hay incertidumbre sobre cómo relacionarse con estos nuevos y distintos grupos de interés, que ya no son los tradicionales, como los clientes y los proveedores, sino que las comunidades vecinas, las ONG y las organizaciones de la sociedad civil; este entorno, compuesto por muchos actores, genera nuevas fuentes de incertidumbre y de dinamismo, que lo hacen más com- plejo”, explica Bernardo Larraín Matte, quien preside el Círculo Empresa y Sociedad de Icare. Enrique Cueto agrega que “tenemos una sociedad más exigente de derechos, y los medios a través de los cuales esa sociedad se comunica han producido un impacto importante en cómo la sociedad se mueve”.
Para Bernardo Larraín, estos cambios no son necesariamente malos. “Desde un punto de vista negativo, uno puede visualizarlos como incertidumbre o fuentes de riesgo, mientras que desde el punto de vista positivo, pueden ser oportunidades de diferenciarte respecto de un competidor. Las claves para convertir estos desafíos en oportunidades son adaptarse y evolucionar”, afirma, algo que no siempre es fácil y toma tiempo. “Si uno analiza los casos de connotación pública en Chile recientemente, partiendo por casa, como la complejidad en torno al desarrollo de proyectos hidroeléctricos en el sur, la clausura de la planta de cerdos de Freirina, la industria bancaria y el impacto que produjeron las resoluciones de la Corte Suprema sobre las repactaciones unilaterales, se ven más reacciones de sorpresa, de perplejidad y, en algunos casos, de molestia, y menos de autocrítica y comprensión”. El inmovi- lismo, agrega, es la peor defensa. “Decir que esto es pasajero, que esto no puede ser o es injusto, no es la forma adecuada de reaccionar frente a este contexto”, dice.
Cueto explica que el desarrollo de la capacidad de adaptación no sólo debe involucrar a los equipos de dirección superior, sino también a las bases de la organización. “El desafío es que los liderazgos de una planta de producción o quien atiende a las personas en el aeropuerto, deben entablar un diálogo dirigido a la generación de confianza y de comprensión recíproca, lo que impone un desafío enorme a quienes están a cargo de esa interacción, pues además de las competencias técnicas, tienen que agregar otras competencias para administrar un aspecto emocional. En el caso de Lan, son 50 mil personas las que deben tener estas habilidades y si antes lo prioritario era la seguridad y un buen servicio, ahora tiene que ver con que te sientan creíble y cercano. Debemos tener otro nivel de transparencia. Muchas veces, la gente está pidiendo una explicación o las razones que explican un atraso del avión. En el caso de Argentina, lo más importante fue contarles a los pasajeros lo que nos pasó; quizás en otros tiempos no hubiera sido así”, ejemplifica.
Incertidumbre eleccionaria
Bernardo Larraín constata que, en el actual ambiente eleccionario, a nivel político hay una mayor dispersión de planteamientos programáticos que en elecciones previas, por lo que es innegable, opina, que hay más cosas en juego. Pero agrega, siempre cuando asumen los gobiernos, dado que hay un período de tiempo acotado, se converge hacia propuestas de mirada de más de largo plazo. “Las empresas, los empresarios y los ejecutivos tenemos visiones de más largo plazo, que no cambian por períodos electorales que hay cada cuatro años”, cree.
No obstante lo anterior, sí estima que, en general, las sociedades en desarrollo evolucionan hacia niveles de mayor complejidad. “Vamos hacia tiempos más complejos y eso no tiene vuelta atrás”, advierte.
Añade que “la evolución hacia mayores niveles de complejidad implica que las fuentes son más diversas, más volátiles y muchas veces están más lejos, por lo que el ámbito de acción al cual estabas acostumbrado se va ampliando. Esos son procesos inevitables, porque si un país está en desarrollo, la otra cara de la moneda es que está también en procesos de complejización, por lo tanto, es una cosa positiva, porque es la otra cara de un mayor nivel de desarrollo”. Lo anterior trae mayores tensiones, pero Larraín insiste en que “son procesos naturales de desarrollo que van acompañados de procesos de complejización que enfrentarán las empresas y este gobierno y el siguiente y el siguiente”.
Las candidatas
Algunos planteamientos de la candidata Michelle Bachelet han producido inquietud en el sector privado, pero Cueto no lo ve tan así. “El mundo empresarial tiene que ser apolítico. La ex Presidenta Bachelet ya estuvo en la presidencia y tuvo un buen gobierno. En período de elecciones se dicen muchas cosas y las empresas tienen que seguir avanzando. Entenderemos en el tiempo si va a haber cambios mayores o no tan grandes”, afirma el accionista de la mayor aerolínea local.
“Creo que siempre ha primado la sensatez -añade Cueto-, tenemos un país con problemas importantes de desigualdad, de salud y de educación que tenemos que resolver. Son temas de mucho más largo plazo de lo que estamos pensando. En general, en el empresariado, una elección produce cierta incertidumbre, pero no conozco a nadie que esté cambiando su política de inversión con la información que hoy se tiene. Si por alguna razón en este o en otro país donde operan las compañías hay un cambio radical en las reglas del juego, se tendrá que evaluar qué se hace hacia adelante”, opina.
Larraín apoyó públicamente al candidato de RN Andrés Allamand. Tras su derrota en las primarias, la renuncia de Pablo Longueira y la asunción de Evelyn Matthei, el presidente de Colbún no espera escenarios catastróficos para el sector. “La elección siempre ha sido estrecha y no veo razones de por qué en esta oportunidad no va a ser así. Ha habido mucha volatilidad en el escenario electoral de la centroderecha, lo cual introduce cierto ruido, pero finalmente, las elecciones van a ser competitivas, lo cual es bueno para el país, independientemente del lugar en el cual uno se encuentre. Cualquier país debiera ojalá apoyar que haya coaliciones políticas relativamente equilibradas, que algunas veces estarán en el gobierno u otras veces en la oposición. Siempre es bueno, incluso para quien está en el gobierno, tener una oposición con cierto peso específico relevante con la cual llegar a acuerdos”, explica.
Y aunque ambos rehúyen hablar en detalle de las propuestas, Larraín sí aventura que una posible reforma tributaria radical -que no es un tema dogmático, dice- podría provocar efectos en la inversión. “El desafío para seguir en este camino de mayor desarrollo y de mayor complejidad es que la inversión, como porcentaje del PIB, aumente; debe pasar del 24% a 28% para sostener los ritmos de crecimiento. Cualquier reforma tributaria siempre debe tener mucho cuidado con los impactos en la inversión. Eso no es campaña del terror, es simplemente observar una realidad. Si la recaudación tributaria se invierte en forma extraordinaria, por supuesto que eso también es relevante, por lo que creo que siempre es importante poner primero el uso de esa reforma tributaria y luego, los mecanismos que permitan recaudarlos”.
Bernardo Larraín: «El problema energético no es técnico, es político»
Hay quienes sostienen que esta institucionalidad no es del todo clara y que, por lo tanto, no ayuda para que la empresa y la sociedad se entiendan.
Hay un desafío de las empresas para relacionarse con la sociedad, como construir estas relaciones más simétricas o informar más temprano sobre los proyectos, entre otras iniciativas. La institucionalidad chilena es buena, han pasado innumerables proyectos y se ha construido una gran cantidad de capacidad de generación y transmisión. Chile ha satisfecho su necesidad energética en forma eficiente en los últimos 30 años, pero de repente pasa por ciclos complejos. Hoy estamos en ese ciclo, está siendo más difícil hacer proyectos de generación y de transmisión. Hay una lista muy larga de proyectos, incluso con permisos ambientales otorgados, que podrían estar construyéndose, pero por este proceso de judicialización es mucho más incierto iniciar proyectos en los tiempos actuales.
– ¿Qué se requiere para disminuir esa tensión?
Hay un desafío de la empresa y también se requiere de una evolución de la institucionalidad en tres áreas: zonificación territorial, aportes a las comunidades vecinas e institucionalizar una participación ciudadana más temprana, al inicio del proceso.
– ¿Cuáles debieran ser las primeras medidas energéticas del próximo gobierno?
En estos contextos, donde la ciudadanía está empoderada y demanda más protagonismo y participación en la decisión energética, la empresa tiene un rol, pero ese rol tiene un cierto límite, porque siempre la empresa es una parte interesada. Por lo tanto, le cabe también un rol al Estado y en ese sentido se requiere un acuerdo de política energética a nivel político y creemos que la ocasión es y será la discusión de muchos proyectos de ley que están en el Congreso. Muchos países hacen formulación de políticas energéticas que son aprobadas en el Congreso Nacional definiendo ciertos lineamientos y eso les da piso político a las centrales que se deben construir. Insisto, aquí no hay que focalizarse en una tecnología o en tal fuente energética, sino en viabilizar distintas fuentes energéticas, diversificar, y eso requiere enfrentarse políticamente. Aquí el problema no es técnico; es finalmente político.
– En los recientes debates presidenciales no hubo apoyo a la realización de HidroAysén…
Desde el punto de vista político, lo razonable es que se promueva el desarrollo de fuentes de energía que tengan ciertos atributos: que sean limpias, competitivas y autónomas. Eso lo cumple la energía solar en el norte, la geotermia y la hidroelectricidad. Las expresiones políticas deben referirse a los grandes lineamientos respecto de fuentes energéticas, no a proyectos específicos.
– ¿HidroAysén podrá votarse durante este gobierno?
Tenemos una visión de largo plazo del negocio energético y creemos que HidroAysén es un recurso importante. Apostamos que algún día se va a desarrollar. Es una inversión de largo plazo. Los consensos técnicos convergen, finalmente, en consenso políticos.
Fuente / La Tercera