Dirigen algunas de las sociedades anónimas más grandes del mundo. sus productos son indispensables en la sociedad moderna. Se reúnen regularmente con líderes mundiales para conversar sobre geopolítica y cambio climático. Pero lamentablemente, eso no basta para mejorar la calificación de sus acciones.
Los CEO de los sectores energético y minero tienen un problema. Pese a que los precios de los commodities están altos y los flujos de caja se ubican en niveles récord, los múltiplos de ganancias de sus acciones son los más sufridos desde 2003, salvo la industria tecnológica. Es un problema particular de las grandes corporaciones del sector, aquellas con capitalizaciones bursátiles superiores a US$100.000 millones, como BP, Royal Dutch Shell y Río Tinto. Mantener el crecimiento implica un gran esfuerzo. Mientras tanto, el apetito por las fusiones y adquisiciones en el mercado de acciones se concentra en acciones de mediana capitalización y los inversionistas no parecen estar dispuestos a apoyar la noción de un superciclo de commodities.
Pensándolo bien, para los mineros es más fácil. Cuando se trata de acceder a recursos nuevos, no tienen que enfrentarse a la Organización de Países Exportadores de Petróleo. La consolidación tiene lógica en una industria donde la inversión y la indisciplina en los precios fomentan ciclos de expansión y caída.
Los problemas del sector petrolero son más existenciales. La inflación de los costos está erosionando los beneficios de los altos precios del crudo. Las barreras políticas y la mayor cantidad de competidores estatales limitan las oportunidades de crecimiento orgánico.
Fuente / Diario Financiero