No es el minero privado más grande de Perú, pero es el único cuya empresa transa en la Bolsa de Londres. Sólo lo acompaña otra latinoamericana: Antofagasta PLC, la sociedad a la cual los Luksic traspasaron sus activos mineros en 1980 y que ya cotizaba en ese centro bursátil como Ferrocarril Arica-Bolivia, desde 1888.
La colocación de los títulos de Hochschild Mining, la cuarta productora de plata del mundo, en noviembre de 2006, fue obra de Eduardo Hochschild, el heredero de un apellido y una tradición minera que data de comienzos del siglo XX, y que incluye a la segunda cementera peruana, Pacasmayo.
Mauricio Hochschild Hirsch, su tío abuelo, fue uno de los tres “barones del estaño” en Bolivia, el segundo después de Simón Patiño, hasta que la minería se estatizó con la revolución de Víctor Paz Estenssoro, en 1952. Su imperio abarcó minas de oro y zinc en Perú, cobre en Chile (Mantos Blancos), cuando el precio estaba en su mejor momento, e industrias químicas en Argentina y Brasil. Salvó de una condena a muerte y de un secuestro en Bolivia.
Los negocios hoy
A sus 44 años, Eduardo Hochschild Beeck, a quien describen como serio, amable y de bajo perfil, intenta replicar lo hecho por su antepasado. Su plan de expandir la presencia desde Perú, donde operaba tres minas en 2006, al resto de Latinoamérica, ya tomó cuerpo. El año pasado tres nuevos yacimientos entraron en producción: Moris, en Chihuahua, México; Pallancata, en Ayacucho, Perú, y San José, en Santa Cruz, Argentina. Todos, de oro y plata. Las utilidades en 2007 se duplicaron, pasando de US$ 41 millones a US$ 85 millones, gracias a los buenos precios de los metales.
Tuvo buen ojo: le compró su parte a sus cuatro hermanos, un hombre y tres mujeres, cuando los valores del oro y la plata estaban bajos.
Planes en Chile
En Chile posee una opción por el 51% del proyecto Encrucijada, que pertenece a Andina Minerals, sociedad que transa en la Bolsa de Toronto y cuyos accionistas son el brasileño Eike Batista, el geólogo alemán avecindado en Chile, Albrecht Schneider, y el abogado chileno Antonio Ortúzar. En marzo, Hochschild pagó los primeros US$ 500 mil acordados y está iniciando la exploración de la mina de cobre y oro en Tal-Tal.
“Eduardo Hochschild quiere consolidar una operación en Chile, está buscando dónde invertir. Por el momento, Encrucijada es el proyecto principal y el que más lo entusiasma”, sostiene Cristián Quinzio, el abogado que representa sus intereses en Chile.
Desde agosto de 2006 la empresa peruana cuenta con una filial en nuestro país (Minera Hochschild Chile S.A.) que dirige Raymond Jannas, geólogo chileno doctorado en Harvard, quien desempeña el cargo de vicepresidente de exploraciones y geología del holding. “Nos interesan los metales preciosos. Estamos produciendo 27 millones de onzas de plata y el objetivo es llegar a 50 millones de onzas hacia el 2011. Ese fue el compromiso cuando abrimos la compañía en Londres”, enfatiza Jannas.
Durante este año deberá desembolsar US$ 1 millón en prospecciones en Encrucijada y otra cifra similar en 2009, para hacerse dueño del 51%. El primer intento, fallido, fue Frontera, en Parinacota, en 2005.
Con US$ 250 millones en el bolsillo –la mitad de lo recaudado en Londres-, este ingeniero mecánico y físico de la Universidad de Tufts (Boston), que vivió en Chile junto a sus padres y hermanos, escapando del grupo terrorista Sendero Luminoso, tiene todavía mucho por hacer. Y probar.
El heredero
El es el único heredero de la fortuna de su tío abuelo, quien, a su muerte, no dejó nada a su mujer y a su único hijo, Gerardo. Su dinero quedó en un trust (fondo administrado por directores que él designó) que, hace 20 años, fue abierto y se repartieron los bienes.
Según cuenta Hernán Hochschild, primo segundo de Eduardo y ex presidente de Sonami, el empresario dejó como herederos a ejecutivos de sus compañías y parientes que trabajaban en ellas.
El único de estos últimos era Luis, el padre de Eduardo Hochschild, quien murió asesinado en Lima en 1998 cuando se dirigía al III Foro Internacional del Oro junto a su hijo, quien fue secuestrado.
Fuente / La Tercera