La minería y el problema del agua

Sequía, cambio climático y stress hídrico, son tres conceptos que, sinceramente, no he escuchado mucho durante este mes de campañas presidenciales. Es extraño que los candidatos no expresen, con suficiente fuerza, soluciones para una problemática que puede tener consecuencias graves en el funcionamiento de la mayoría de los sectores económicos del país y llegar a ser devastadora para la sociedad.

No todos pretenden ignorar esta realidad. La crisis hídrica que afecta a nuestro país no es novedad para la minería, ya que concentrándose ésta en zonas de alto stress hídrico, no podía ser de otra manera. Ello se refleja en que Antofagasta, la capital minera de Chile, ha sido abastecida por la planta desaladora de agua potable más grande de América Latina desde el 2003; que de las 18 desaladoras operando para actividades productivas, 13 corresponden a compañías mineras y también que, de las 22 plantas en proyecto, aparezcan otras impulsadas por las principales minas en operación que aun no cuentan con esta infraestructura.

Una actividad como la minería, que exige altos niveles de inversión, largos procesos de puesta en marcha y un cuidadoso proceso de control de costos, no puede si no planificar sus operaciones para el largo plazo, considerando los insumos críticos como el agua en dicho proceso de planificación. Si revisamos el último anuario de Cochilco, vemos como el consumo de agua de mar de las empresas mineras el año 2020 ya supera el 23% del total consumido, llegando a más de 5.200 lts/seg, duplicando el volumen de hace cinco años atrás, lo que es una muestra palpable de sus logros.

Una vez más la minería se adelanta a los tiempos y encabeza la utilización de nuevas tecnologías para abordar una situación que debiera preocupar al país en su conjunto, pero que no parece ser de interés de estar en las prioridades de la coyuntura política, a pesar de que los años de sequía han acercado esta problemática a las regiones aledañas a Santiago, poniendo en peligro el abastecimiento de agua en el futuro cercano.

Siendo un proceso que requiere muchos recursos, el desarrollo de las desalinizadoras requerirá de una actividad económica capaz de absorber dicho costo y atraer operadores con la experiencia, respaldo técnico y financiero para sacarlo adelante.

También es importante considerar que el mayor costo de la desalación no es la inversión en las plantas sino su operación, muy intensiva en el gasto de energía. La utilización de energías limpias y su auge en el norte de Chile, fue posible gracias a que la minería proporcionó la demanda que permite la instalación creciente de parques solares y eólicos que abaratan sustancialmente su costo, misma ventaja que puede aprovecharse en la desalación.

Un tema pendiente -donde la minería puede hacer una contribución adicional- consiste en impulsar una integración entre varios proyectos que necesiten agua desalada, acumulando las demandas e invitando a un operador a hacerse cargo de su desarrollo, aprovechando economías de escala y evitando la proliferación de plantas medianas y su consiguiente impacto ambiental.

Siendo el comportamiento minero reacio para desarrollar proyectos conjuntos, lo que incluso se refleja en la escasa cooperación existente entre compañías y/o divisiones que comparten un mismo dueño, una iniciativa de esta naturaleza puede ser un gran ejemplo frente a la cultura individualista y desconfiada que hoy vemos tanto en el empresariado como en la política. A esto hacía referencia hace unos años el ex presidente del directorio de Codelco, Oscar Landerretche, cuando mencionaba que, en sesenta kilómetros de costa, cuatro operaciones mineras (FE y Cu) terminaron instalando tres plantas desaladoras. Este tema debe ser estimulado por el Estado, con los adecuados incentivos a la cooperación, para tener pocas desaladoras de gran escala, que atiendan los requerimientos industriales de la minería, y las necesidades de nuestra población.

La minería ha sido un pilar fundamental en el desarrollo de Chile en toda su historia independiente y, especialmente, en los últimos treinta años. Estamos seguros que podrá seguir mostrando al país que no sólo representa divisas, impuestos y buenos empleos, sino que puede contribuir a enfrentar exitosamente uno de los problemas más urgentes de los próximos años: el agua.