Génesis de las Conferencias Internacionales Cobre

Corría 1985 en Chile, el país recién comenzaba a recuperarse de la crisis económica de 1982 cuando su PIB se había reducido en 14%. El precio del cobre estaba en un nivel bajísimo y el final del túnel no estaba aún a la vista. Chile era todavía un país periférico, Santiago era una ciudad provinciana comparada con Buenos Aires, Río y San Paulo. Providencia era “la taquilla”, no había malls, ni siquiera se había creado el barrio Suecia y la democracia estaba tan lejana como la Luna.

No había muchos eventos internacionales en Chile en esa época, en ningún campo del conocimiento. El cobre no era la excepción. Codelco producía el 79% del cobre chileno, poco más de un millón de toneladas. La mayor mina privada era Los Bronces, en ese entonces de Exxon Minerals, con una producción de 44.000 toneladas anuales de cobre fino. Le seguía Mantos Blancos con cerca de 33.000 ton. Chile era ya el primer productor del mundo con 16,1% de la producción y superaba a Estados Unidos por 250.000 ton.

Ese año nos juntamos con mi ex profesor de la Universidad de Chile, director del Departamento de Ingeniería de Minas hasta 1973, Carlos Díaz. Pirometalurgista de fuste, él trabajaba en el Centro de Investigación de la International Nickel Company, INCO, en Toronto. Había traído a Chile a Phill Mackey, connotado investigador de la pirometalurgia del Centro de Investigación de Noranda en Montreal.

Conversando con don Carlos y con Phill soñábamos la industria del futuro. ¿Qué hacer? Nació la idea de hacer una gran conferencia sobre el cobre que incluyera todos los campos técnicos, excepto la explotación de minas, y que incluyera además la economía, los negocios y el medio ambiente. Hablar sobre el medio ambiente en Chile era no solo desconocido en esa época, era casi tabú.

La conferencia podría organizarla la Universidad de Chile, donde yo era profesor, y podría integrarse el Instituto de Ingenieros de Minas (IIMCh). Además, podría contar con el apoyo de la Sociedad Minera de Canadá, el CIM. Esto último lo gestionarían don Carlos y Phill. Se trataba de hacer una cuestión seria, con varios libros con las ponencias en inglés. Escribimos las ideas, nació el primer folleto sobre la conferencia, dirigido a venderles la idea a estas instituciones y, además, al Ministro de Minería, Samuel Lira, al presidente de Codelco, a la Exxon, y a El Indio, mina que era muy importante en esa época.

Dimos comienzo a esta odisea. Me tocó el honor de ser el presidente de la conferencia. Tras algunas dudas, nos apoyó la Universidad de Chile y poco después el IIMCh, el CIM de Canadá, el ministro, Codelco y todos los demás. Elegimos un hotel “top” en Chile, el Miramar. De alguna manera creyeron esta idea loca. Después de eso hubo que trabajar y trabajar.

Llegamos a diciembre de 1987, ya con un precio del cobre que había subido, y la respuesta mundial fue impactante. Nos reunimos 800 personas, con más de 100 ponencias, con cuatro volúmenes de cerca de 2.000 páginas publicados y debidamente editados en inglés. Sin haberlo pensado como tal, habíamos iniciado el mayor evento técnico de la industria a nivel global, el que se repetiría posteriormente cada cuatro años en diversas partes del mundo, ganando apoyo de las principales organizaciones de la minería del cobre en América del Sur y del Norte, Europa y Asia.