Explorar en el punto más alto del ciclo

Feb 6, 2026

¿Por qué los precios récord del cobre son una oportunidad que Chile no puede darse el lujo de desaprovechar?

En las finanzas públicas existe una práctica que no es sólo una orientación, sino una regla fiscal explícita: la regla de balance estructural. Su lógica reconoce que los ciclos existen y que los ingresos extraordinarios —como los que provienen de períodos de alto precio del cobre— no son permanentes. Por eso, el Estado no gasta toda la bonanza cuando ocurre, sino que distingue entre ingresos estructurales y transitorios, ahorrando en los años favorables para poder sostener el gasto cuando el ciclo se revierte. Es una disciplina intertemporal que evita confundir un buen año con riqueza permanente.

En minería, sin embargo, esa lógica no siempre se replica. Cada ciclo alcista del cobre trae consigo una tentación conocida: asumir que el liderazgo de Chile en la minería global está asegurado. Hoy esa tentación es particularmente fuerte. El mercado de los metales vive un repunte significativo y el cobre atraviesa un relevante protagonismo, con precios que han rondado niveles históricamente elevados, en torno a US$13.400 por tonelada en la LME y los US$6 por libra en el Comex.

El fenómeno no es aislado. El alza del cobre ocurre en un contexto más amplio de valorización de los metales: el oro vuelve a bordear los US$5.000 por onza, la plata acumula saltos de dos dígitos y el mercado empieza a internalizar con mayor fuerza las tensiones estructurales entre oferta y demanda asociadas a la transición energética, la electrificación y la seguridad de suministro. No se trata sólo de precios altos; se trata de señales.

Sin embargo, los ciclos de precios no son una garantía de futuro. Son, más bien, ventanas de decisión. La historia minera muestra que los períodos de bonanza suelen ser mal utilizados: se optimiza la producción existente, se maximizan retornos de corto plazo y se posterga la inversión más incómoda y menos visible —la exploración— bajo el supuesto de que siempre habrá tiempo. Ese supuesto es, probablemente, el mayor riesgo estratégico que enfrenta hoy la minería chilena.

En este contexto, la próxima PDAC adquiere un significado que va mucho más allá de una feria sectorial. PDAC es el principal espacio global donde se define el flujo del capital exploratorio, donde los países compiten por atención, credibilidad y confianza, y donde se evalúa —de manera silenciosa pero efectiva— qué jurisdicciones están preparadas para sostener producción más allá del ciclo actual.

Chile llega a PDAC con ventajas evidentes: un potencial geológico probado, una industria madura y una trayectoria que pocos países pueden exhibir. Pero también llega con una paradoja. Mientras el cobre alcanza precios históricamente altos, la exploración sigue siendo el eslabón más débil de la cadena minera nacional. No por falta de recursos, sino por señales mixtas, incertidumbres acumuladas y una dificultad persistente para traducir el diagnóstico en incentivos efectivos.

Los propios análisis de Cochilco han sido claros: la producción puede estabilizarse en el corto plazo, pero la sostenibilidad de mediano y largo plazo depende de nuevos descubrimientos. Y esos descubrimientos no aparecen de forma espontánea. Requieren capital paciente, reglas claras, tiempos razonables y una señal país consistente.

Aquí es donde el ciclo alcista actual cobra un sentido estratégico distinto. Precios de esta magnitud no sólo mejoran balances y recaudación fiscal; reducen el riesgo relativo de explorar, facilitan el financiamiento y vuelven viables proyectos que, en escenarios más estrechos, quedarían fuera. No aprovechar este momento no es neutral: es una señal que el mercado global sí sabe leer.

Por eso, la discusión relevante no es cuánto durará el precio alto del cobre, sino qué hará Chile mientras dure. Si el país utiliza este ciclo para fortalecer su posición exploratoria, atraer capital de riesgo y proyectar una visión de largo plazo, o si se limita a administrar la bonanza como un fenómeno transitorio. Explorar hoy requiere algo tan básico —y tan difícil— como certeza regulatoria, tiempos predecibles y una señal clara de que el riesgo exploratorio es comprendido y valorado.

PDAC, en ese sentido, no debiera ser sólo un espacio para mostrar proyectos, sino una plataforma de posicionamiento estratégico país. Una oportunidad para transmitir que Chile entiende que su liderazgo no se sostiene únicamente con producción heredada, sino con decisiones tomadas en el punto más alto del ciclo.

“Porque en minería —como en desarrollo— los ciclos pasan. Lo que permanece no es el precio del cobre, sino las decisiones que se toman cuando el precio deja de importar.

Augusto Céspedes

CEO de Xplora Minerals

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