El reciente anuncio del Gobierno sobre una posible licitación internacional para la mina Boquerón Chañar ha sido presentado en los medios como la salvación para Huachipato, vinculando la reapertura de esta acería con la condición de que el acero que produzca sea “verdeâ€. Sin embargo, detrás de los titulares, esta propuesta tiene muchas aristas que merecen ser examinadas en mayor detalle.
Boquerón Chañar es una mina con historia, operada en la década de 1960 y ha estado bajo el control de Corfo en las últimas décadas. En 2006, ya se intentó licitar internacionalmente este proyecto, y en 2007 se adjudicó a una empresa. Sin embargo, la caída en los precios del hierro en ese momento llevó a que la empresa desistiera del proyecto y lo devolviera a Corfo. Hoy, con el precio del hierro nuevamente golpeado (aunque en ligera recuperación), es importante cuestionar si la coyuntura actual es la más adecuada para esta licitación.
El problema de fondo radica en la estructura de la oferta. El Gobierno ha planteado una «venta atada» que obliga a quien compre Boquerón Chañar a producir acero verde en Huachipato, una planta económicamente ineficiente que requeriría inversiones significativas para volverse verde. Esta exigencia reduce la cantidad de posibles interesados, limitando el valor que Corfo podría obtener por este activo. En un mercado global inundado de acero barato, la viabilidad de que Huachipato logre producir acero más limpio de manera rentable genera serias dudas.
Esta medida parece más una estrategia mediática que una solución realista. El gobierno presenta la idea de salvar Huachipato, pero en la práctica, los trabajadores que han perdido sus empleos no verán un impacto en el corto o mediano plazo. Cualquier desarrollo de la mina tomaría al menos 5 a 7 años.
Corfo, por su parte, lleva más de 15 años sin darle un uso productivo a Boquerón Chañar, lo que genera la pregunta: ¿por qué no se ha actuado antes? Si bien la licitación internacional tiene sentido, imponer la condición de producir acero verde en Huachipato sólo dificulta el proceso y limita las posibilidades de éxito. En lugar de abrir oportunidades para el desarrollo del proyecto y la economía local, se está promoviendo una narrativa que, bajo un análisis técnico y económico resulta difícil de sostener y podría hacer que un proyecto minero con méritos propios pierda su viabilidad.