Commodities, economía y cambio climático

Daniela Desormeaux es economista, fundadora y gerenta general de signumBOX Inteligencia de Mercados.

Desde mi columna de mayo pasado el escenario internacional no ha mejorado; al contrario, los temores que se planteaban se han ido concretando y pareciera que van en escalada. El precio del cobre se mantiene por debajo de los US$2,60 la libra, el mineral de hierro sigue cotizándose en torno a los US$90 la ton, y el oro es el único de los commodities cuyo precio ha seguido al alza, reflejo del entorno internacional débil e incierto.

Lo que sí ha cambiado en los últimos meses, desde la perspectiva de la presencia en los medios y la agenda pública, es la relevancia del cambio climático. Los datos del calentamiento global hablan por sí solos: los últimos cuatro años han sido los más calurosos de los cuales se tiene registro y las temperaturas del Ártico han aumentado en 3°C desde 1990; esto ha tenido como consecuencia que el nivel del mar aumente. De acuerdo a la ONU, la tasa de aumento medio del nivel del mar se aceleró de 3,04 milímetros por año durante el periodo 1997-2006 a 4,00 milímetros entre 2007 y 2016. Las consecuencias de este fenómeno son dramáticas e incluso insospechadas. Por citar un ejemplo, de acuerdo a The Economist, el Canal de Panamá se encontraría altamente amenazado por el efecto del aumento en el nivel del mar. Esto tendría un impacto tremendamente negativo para todo el comercio internacional.

[Para nuestro país es importante ser sede de la COP 25 en diciembre. Confiemos en que esta instancia sirva para profundizar los compromisos por parte de todos los actores.]

 

La economía ambiental nos enseña que el problema se origina cuando no se internalizan las externalidades (negativas) que se generan, ya que en presencia de externalidades los costos marginales privados difieren de los sociales y la solución privada, en términos de niveles de producción y precios, no es la óptima.

Para las industrias de minerales y metales estos temas son muy relevantes, debido a que el impacto que generan no es menor. Gran parte de los metales utilizan carbón en sus procesos de producción (la siderurgia por ejemplo) y las tasas de reciclaje aún son bajas, por tanto con independencia del complejo escenario internacional, el desafío está en cómo reducir la Huella de Carbono sin afectar mayormente a los márgenes. La economía global es cíclica, hay períodos de ciclos positivos y otros negativos, sin embargo el daño sobre el entorno es exponencial.

Para nuestro país es importante ser sede de la COP 25 en diciembre. Confiemos en que esta instancia sirva para profundizar los compromisos por parte de todos los actores -incluyendo a la sociedad civil- con respecto a la sustentabilidad de nuestro desarrollo, sin caer en los populismos ni fatalismos que se han puesto tan de moda en las últimas semanas.