El récord de 975 dólares por una onza de oro, alcanzado en Nueva York el 29 de febrero, no asombra. «Hasta el año pasado no quedaban compradores de oro. En enero 2007 el ambiente cambió, porque el Estado reformó la fiscalidad del oro. Si usted puede justificar el origen de su moneda de oro o de su lingote, paga un 27% sobre la plusvalía a la venta, pero si lo conserva, usted se beneficia con una caída de 10% cada tres años, lo que quiere decir que al cabo de doce años usted no pagará nada más», cuenta Patrick Merson, dueño en París de la mayor tienda en la calle Vivienne, especializada en el negocio del oro, las divisas y la numismática.
Demanda aún estable
La demanda originada por esta oportunidad fiscal fue dopada por el aire de los tiempos que se están viviendo.
«Los temores están ahí. Los ahorradores tienen la impresión que no se les está diciendo la verdad. Encuentran que el dinero colocado en la caja de ahorro no reporta mucho, sobre todo cuando el lingote de un kilogramo pasa en cuatro años de 12 mil a 20 mil euros.
Merson agrega que «veo entonces entrar en mi tienda gente de entre 35 y 45 años que me compran, todos los meses, cuatro o cinco napoleones (115 euros cada uno aproximadamente) con su tarjeta de crédito», dice.
La joyería aprovechó poco este entusiasmo. En 2007, las ventas de joyas sólo aumentaron en un 2%, según un estudio publicado por el comité profesional de desarrollo de relojería, de la joyería y la orfebrería.
«El oro sigue siendo la referencia, pero la demanda permanece muy estable», comenta Hubert Lapipe, director de la consultora Panel 5, que llevó a cabo el estudio.
En cambio los gestores de patrimonio notan en sus clientes un nuevo apetito por el preciado metal.
«No estamos sumergidos por las demandas, pero el fuerte aumento de los precios suscita un renovado interés por el oro, que los medios de comunicación han propagado. Nosotros los consideramos de ahora en adelante como un elemento de diversificación de los monederos, donde puede pesar entre 5% y 10%», precisa Cédric Goguel, responsable de la gestión de patrimonios del Banco Crédit Agricole de Ile-de-France.
Fuerte activo
La clientela experimentada entendió que el oro «papel» era un activo perfectamente conveniente. «Nuestro producto Lyxor GBS es papel indexado al oro físico, pero sin los inconvenientes, en particular en términos de conservación», explica Olivier Gentier, responsable de productos de Bolsa del Banco Société Générale.
«Cada vez que alguien compra una cantidad de Lyxor GBS, en un cofre de Londres es colocado un peso de oro correspondiente. Los volúmenes de compras son irregulares, porque fluctúan con las incertidumbres causadas por la caída del dólar o el regreso de la inflación», agrega.
Desde hace dos meses, Guy Cottin, director de la división de oro para la compañía CPR Or, ve aparecer líneas de compradores de 10 kilos de metal amarillo.
Durante los años de la crisis bursátil de la última semana de enero la demanda incluso excedió la oferta por primera vez hace mucho tiempo. «Después de la última guerra mundial, las catástrofes económicas se habían hecho escasas, la inflación había ralentizado y los jóvenes ya no estaban en lo absoluto interesados en el oro», cuenta.
Tiempos de incertidumbre
¿Que sucedió con la legendaria «media de lana» francesa compuesta de una reserva de oro estimada entre tres mil y cinco mil toneladas? «Estábamos asistiendo a una ‘deseconomización’ regular que se traducía en un exceso de oferta. Durante años enviábamos derretir el oro que no hallaba comprador y que tomaba el camino de la joyería al precio internacional», dice Cottin.
Volvió el tiempo de las incertidumbres. «Con la caída del dólar y las patadas en el trasero recibidas por los que juegan flojo en la bolsa de la nueva economía y ahora con la crisis de las subprimes y el asunto de la Société Générale, la nueva generación pierde confianza», analiza Guy Cottin. Incluso quienes poseen contratos de seguros de vida se hacen preguntas y miran hacia el oro diciendo: «Al menos, siempre costará algo», añade.
Factores internacionales
A esa pérdida de confianza se agregan consideraciones más físicas. Porque la producción de oro ha retrocedido a dos mil 500 toneladas en 2007 y promete contraerse más aún en 2008 bajo el efecto de la crisis energética en África del Sur.
Las minas del segundo productor de oro a nivel mundial detrás de China no están a plena máquina, porque los costos de extracción del mineral -hasta 3.300 metros de profundidad y a una temperatura de 50 grados Celsius- han sido multiplicados por tres en cinco años, debido a lo caro que es obtener una onza de oro a partir de una tonelada de mineral.
Inflación en alza, dólar a la baja y dudas en todas las direcciones podrían forzar a los jóvenes en busca de seguridad a frecuentar más que nunca los negociantes de oro de la calle Viviente.
Fuente / La Nación