Atento y tomando apuntes vio la prensa a José Pablo Arellano en el discurso presidencial del 21 de mayo. El presidente ejecutivo de Codelco tuvo razones poderosas para escuchar concentrado a Michelle Bachelet ese día.
En los pasillos de la empresa estatal corrió la versión de que el Ministerio del Trabajo intentaba incorporar en la alocución de la Mandataria la idea de que se reforzarían las facultades de la Dirección del Trabajo (DT) para recurrir a los tribunales.
La firma estatal ganó los recursos de protección en la Corte Suprema, cuyos fallos ratificaron que -al actuar administrativamente y pedir la inclusión de trabajadores subcontratados- la DT excedía sus facultades, porque no puede determinar relaciones contractuales. Este último tema, señalan, es resorte de los tribunales.
Codelco evitó así incorporar a su «planilla» a más de 5.000 subcontratistas, impidiendo de paso un incremento dramático en sus costos de producción. Por eso es que cualquier palabra de Bachelet en orden a «empoderar» a la DT sería leída con inquietud como una «quitada de piso» al camino que tomó la estatal.
La vía que tomó Arellano fue ciertamente impopular. Por eso es quizá, tal como lo reportó la misma prensa, pocos parlamentarios se acercaron a saludarlo tras la tradicional ceremonia en el Salón de Honor del Congreso Nacional. Pero Arellano no está para ganar electores. Según quienes lo conocen, él tiene un sentido claro de la misión que le fue encomendada: manejar una empresa estratégica para el país no sólo con un horizonte de corto plazo, sino también velando por la viabilidad de su futuro. Y en esa línea, acotar los costos le parece una tarea indispensable.
Además, uno de sus nortes es mejorar la gestión de la empresa, con una renovación de la estructura del gobierno corporativo…y la Presidenta sí hizo mención clara a los esfuerzos que, por medio de la legislación, se harán en ese sentido.
Por eso es que las palabras de la Mandataria tranquilizaron los ánimos de Arellano. El ejecutivo planteó en una entrevista que él «no renunciaría», pero según sus cercanos, tampoco estaría dispuesto a que volviera a quedar la imagen de que su autoridad era sobrepasada, como ocurrió con la nominación de dos ministros garantes de los acuerdos políticos logrados para detener el paro de los subcontratistas.
La tesis de que es difícil que Arellano renuncie se refuerza con la idea de que él tiene conciencia firme de que su cargo es de exclusiva responsabilidad de la Presidenta de la República. Y ella, leyeron en entrelíneas en la cuprera, lo respaldó al no «dar la pasada» a las pretensiones existentes en el Ministerio del Trabajo.
La tradición de los últimos años tampoco se rompió en términos protocolares. Arellano fue invitado a la recepción que tras las ceremonias del 21 de mayo se efectúa en Cerro Castillo. La asistencia a este evento, si bien es habitual para los vicepresidentes ejecutivos de Codelco, no está garantizada como sí ocurre con los ministros de Estado. Por lo mismo, la participación de Arellano en este exclusivo evento fue leída al interior de Codelco como otra señal de respaldo.
El trabajo continúa
Tras el paro de los subcontratistas, la opinión pública leyó que la autonomía de Codelco fue minada por haber superpuesto a dos ministros ajenos al directorio como garantes de los acuerdos suscritos con los trabajadores. Es difícil que esa imagen se diluya con facilidad. Pero cercanos a Arellano comentan que el rol de estos dos secretarios de Estado -el del Trabajo y el del Interior- terminará por caer por su propio peso, porque es difícil que pasen a llevar no sólo la autoridad de Arellano, sino también el hecho de que dentro del directorio de Codelco participan el ministro de Minería, Santiago González, y el de Hacienda, Andrés Velasco.
Al menos uno de estos secretarios de Estado, Velasco, apoya con fuerza la gestión de Arellano, tanto por el control de costos como por el ánimo de impulsar los gobiernos corporativos. Y aunque, dicen quienes lo conocen, Arellano no es un DC promedio -en el sentido de que no participa demasiado de las camarillas del partido- tampoco está solo en esta colectividad. El diputado Jorge Burgos (DC) planteó en una columna la necesidad de avanzar rápido en el gobierno corporativo de la empresa. Dijo en esa oportunidad que «no se entiende la pasividad del Gobierno a la hora de impulsar, con las urgencias pertinentes, el proyecto de ley que otorgará una nueva estructura jurídica a nuestra principal empresa».
Un gran triunfo
En la línea de concentrarse en la gestión puede entenderse el accionar de Arellano en la última semana: Codelco intentó darle todo el realce que pudo al inicio de producciones del primer cátodo de cobre de Gaby. Un hecho que para la administración no es menor. «Se hizo dentro del plazo que estaba previsto, lo que no es usual para los proyectos de Codelco», explica un ex miembro del directorio de la firma.
De hecho, este primer cátodo es el resultado de un trabajo que demandó 26 meses, en contra de los 28 que le tomó a Spence -del sector privado- comenzar a operar. La ausencia de autoridades, como el ministro de Minería o la Presidenta Bachelet, no fue intencional. Estaba coordinado con La Moneda que las máximas autoridades sólo concurrirían a la inauguración oficial, pero al interior de la empresa sostienen que «fue bueno darle visibilidad para que la opinión pública no creyera que Codelco se agota en el tema de los subcontratistas».
Fuente / El Mercurio