300 pirquineros rechazan dejar zona de peligro en Curanilahue

18 faenas se abrieron en área adyacente a la cerrada mina Trongol, donde hay buen carbón. Sernageomín y Enacar dicen que hay riesgo de derrumbes e inundaciones.

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Preocupación existe entre autoridades de gobierno, de la Empresa Nacional del Carbón (Enacar) y de la propia Asociación de Pirquineros de Curanilahue por la tozudez de 18 microempresarios del rubro que desarrollan actividades extractivas de carbón en una zona catalogada de alto riesgo de derrumbes e inundación, por lo que incluso se ha pedido judicialmente el desalojo.

Las faenas involucran a unas 300 personas y por ello el alto nivel de alerta, pues en el sector ya se han registrado tragedias. La más grande de éstas ocurrió el 24 de agosto de 2000, cuando murieron ahogados en el fondo de un pirquén Segundo Delgado Paredes (55) y José Millanao Valenzuela (45). En sólo dos minutos se llenó de agua la galería donde trabajaban al romper otro frente abandonado e inundado. Fueron rescatados sólo varios días más tarde, pues estaban bajo 30 metros de agua, barro y escombros.

La zona considerada en peligro y donde se abrieron faenas comprende cerca de 400 hectáreas (has), parte de las 2 mil 800 has de la pertenencia minera “El Descabezado”, propiedad de Enacar y ubicada en el sector Loma Baja. Está cercana al río Trongol y, de hecho, hay faenas a escasos pasos de su ribera.

El recién designado gerente general de Enacar, Ricardo Vargas Rivera, explicó que mientras se desarrollaban labores de extracción en la mina Trongol, la empresa decidió que se mantendrían pilares de seguridad (mantos de carbón), con el fin de evitar derrumbes. Sin embargo, una vez que se cerró definitivamente dicho yacimiento, el 4 de agosto de 2006, “empezaron a penetrar pirquineros a esa zona de seguridad”, comentó.

Ya en marzo de 2001 el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomín) ordenó el cierre total y definitivo para la extracción de carbón en esa área, por razones de seguridad: básicamente por “la existencia de labores mineras abandonadas y anegadas, y por el riesgo de inundaciones y derrumbes de los nuevos trabajos que puedan haber en dicho lugar”.

Actualmente, debido a un recurso de protección que interpuso Enacar el 9 de marzo pasado, la Corte de Apelaciones de Concepción ordenó la paralización de faenas.

“Están con orden de desalojo”, precisó Vargas, situación a la que los pirquineros hacen oídos sordos, se quejó.

A ello se suma que tampoco tienen el permiso del dueño del terreno superficial: la empresa Bosques Arauco.

El gerente de Enacar expresó que están preocupados por la integridad de las personas que allí trabajan y por la responsabilidad solidaria que pudieran afectarle a ellos en caso de algún accidente. Esto, porque si bien no cuentan con su autorización, están en una pertenencia de ellos. Además, recalcó que no es menor que “aquí se esté produciendo un hurto”, dijo.

Salario del miedo

Carbón de 6 mil 500 a 7 mil kilocalorías, un verdadero lujo para la zona, es el que obtienen los pirquineros que trabajan en la zona de riesgo y que venden a $27 mil la tonelada, casi el doble de lo que se transa el mineral obtenido en otros sectores ($14 mil). “Por ello hacen caso omiso a las advertencias de peligro”, comenta Fernando Troncoso, presidente de la Asociación de Pirquineros de Curanilahue. Al mes en todo este sector de riesgo se extraen unas 5 mil toneladas, estimó.

Afirmó que han alertado a las autoridades de la porfía de sus colegas, pero que hasta ahora no han hecho nada. “Se le han mandado cartas a Sernageomín y a la seremi de Minería, desde noviembre pasado. Va a pasar lo mismo de Aisén y después vendrán las lamentaciones”, dijo.

El sostén del pueblo

La pirquinería siempre ha sido una actividad central en Curanilahue, pero tras el cierre de Trongol, su importancia se deja sentir aún más, sobre todo en el comercio, donde comentan que los mineros de Enacar ya recibieron su dinero y se lo gastaron, por lo que ahora les queda vivir de lo que mueven los pirquineros.

De esta actividad viven casi 700 familias durante primavera y verano, cifra que baja a la mitad en el invierno, cuando algunos pirquenes se inundan.

Un trabajador gana mensualmente entre $150 mil y $200 mil y un dueño de pirquén puede llegar a superar el millón. Sin embargo, los que ahora instalaron faenas no están teniendo mayores ganancias, ya que deben pagar primero la inversión.

Fuente / Diario El Sur

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