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El nuevo escenario es una oportunidad

Tenemos la ocasión de ser protagonistas de este cambio de paradigma, enfocando decididamente nuestros esfuerzos hacia la producción de cobre con bajas emisiones.

El inicio del mes de julio fue intenso en noticias desde el sector automotriz. El miércoles 7 la empresa Volvo declaró que dejará de vender autos con motores convencionales a partir de 2019. Dos días después, Nicolas Hulot, ministro de la Transición Ecológica francés, anunció un plan para dejar de vender automóviles convencionales para 2040. Francia se suma así a otros países como Noruega, que pretende dejar de vender vehículos de gasolina o diésel hacia 2025, o Alemania, que aspira a tener un millón de vehículos eléctricos para 2020.

Según la Agencia Internacional de la Energía, existen hoy en día del orden de dos millones de vehículos híbridos y eléctricos. Para cumplir con los acuerdos de París, este stock deberá subir a 600 millones hacia 2040. El mercado automotriz vivirá entonces una mutación profunda en las próximas dos décadas.

Esta es, sin duda, una muy buena noticia para el mercado del cobre, pues mientras  un vehículo convencional usa en promedio 24 kg de cobre por unidad, un auto híbrido usa del orden de 45 kg de cobre, y un auto full eléctrico casi 60 kg. Esto  debería generar, entonces, un impacto muy positivo y de largo plazo en la demanda mundial de cobre, pero también de litio, utilizado masivamente en la producción de baterías para electromovilidad.

Sin embargo, más allá del optimismo comercial que pueden generar estos anuncios, es necesario poner en relieve el profundo cambio que están viviendo los mercados más exigentes. Las preocupaciones ambientales han ido madurando a lo largo de las últimas dos décadas, para pasar desde reivindicaciones políticas a exigencias comerciales. Muchos consumidores quieren hoy tener certezas respecto del impacto ambiental y social de los productos que están comprando. A título de ejemplo, la mayoría de los fabricantes europeos de vehículos de alta gama entregan, al momento de la compra inicial, un certificado con la trazabilidad completa de todos los insumos incluidos en la fabricación del automóvil (incluyendo el cobre). El eco labeling, o etiquetado ambiental, se está instalando como una tendencia ineludible en los mercados europeos, y se está expandiendo rápidamente hacia el resto del mundo.

Para la minería chilena, lejos de ser una amenaza, este nuevo escenario es una oportunidad de construir una industria inclusiva más allá de lo declarativo, que incorpore en la génesis de sus proyectos los conceptos de valor compartido, y los mejores estándares ambientales, no sólo como una manera de responder a los cuestionamientos de las comunidades aledañas, sino también por las exigencias de los mercados de destino.

Tenemos la ocasión de ser protagonistas de este cambio de paradigma, enfocando decididamente nuestros esfuerzos hacia la producción de cobre con bajas emisiones. Disponemos de condiciones favorables: la mejor radiación del mundo para producir energía desde fuentes renovables, abundantes sales fundidas para acumular energía, el mejor laboratorio minero para probar y escalar soluciones tecnológicas innovadoras. Falta que nos convenzamos como industria minera de que no hay otro camino. Si no lo hacemos nosotros, el mercado nos lo impondrá.

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