Minería y cambio climático

En diciembre próximo, nuestro país será sede de la COP 25 sobre Cambio Climático, principal evento de acción climática de la ONU para debatir los mecanismos del calentamiento global. La COP 25 constituye una oportunidad para nuestro país de avanzar en la agenda de la contribución nacional  a la reducción de gases de efecto invernadero y de transformar los procesos en los distintos sectores productivos, que permitan generar una economia baja en carbono.

La industria minera no está ajena al impacto que producen los eventos climáticos; precipitaciones extremas, aluviones, escurrimientos, sequía o escasez en los recursos hídricos, entre otros, han afectado infraestructuras y, en consecuencia, la continuidad operacional de las faenas mineras, además de la seguridad de los trabajadores que operan en ellas.

Por otra parte, la tendencia mundial es a consumir tecnologías de bajas emisiones, lo que implica un abastecimiento responsable de los minerales a través de procesos que generen una menor huella de carbono, y donde principalmente el cobre y otros minerales serán claves para el desarrollo de las nuevas tecnologias, como por ejemplo la electromovilidad.

Hoy el 100% de la gran minería del cobre posee estándares o políticas de sustentabilidad, incluyendo en algún nivel la consideración del cambio climático, en donde las medidas de mitigación y adaptación a este fenómeno derivan en general, de políticas vinculadas a uso eficiente de recursos hídricos y energéticos, y enfocadas a la excelencia y continuidad operacional de las faenas.

La tendencia mundial es a comprometer metas en temas de agua, consumo energético y emisiones de GEI, más allá de lo establecido en los procesos regulados de evaluación ambiental, considerando el riesgo asociado a la evaluación y gestión de riesgo del cambio climático, e incluyendo análisis de escenarios futuros de disponibilidad hídrica, precipitaciones y eficiencia energética, entre otros.

Con el objeto de reducir las emisiones de GEI y cumplir con los estándares internacionales, la industria minera presenta desafíos importantes relacionados con la incorporación del uso de energías limpias o energías térmicas en los procesos mineros, como por ejemplo la solar, para abastecer de energía eléctrica o calor a la faena, o para la extracción e impulsión de agua, todas medidas orientadas a obtener mayor eficiencia energética y evitar que las emisiones crezcan de manera sostenida y los impactos cuesten cada día más caros.

Por otra parte, resulta relevante la sustitución de combustibles fósiles por alternativas de bajas emisiones, como el gas natural, o el reemplazo del diésel por el hidrógeno en maquinarias que abastecen la minería; la disminución del consumo de agua fresca y la búsqueda de nuevas fuentes de suministro hídrico, o el uso de tecnologías eficientes que permitan el aumento de la recirculación en el uso del recurso hidrico en los procesos mineros.

En definitiva, se requiere de un trabajo en conjunto dentro el sector minero para avanzar a una minería más sustentable, establecer una agenda de prioridades con políticas públicas que incentiven e impulsen el desarrollo, y la implementación de soluciones que aborden los nuevos desafios hídricos, energéticos y de GEI orientados a la implementación de tecnologías bajas en emisiones.

El Roadmap actualizado de Alta Ley cubre estos aspectos, y la COP 25 encuentra a la minería en movimiento hacia el “cobre verde”. Esto, sumado a la licitación de Corfo para crear el Instituto de Tecnologías Limpias, son grandes vectores que empujarán la ‘decommoditización’ del cobre, y la contribución creciente y acelerada de la minería a la revolución tecnológica y energética global, con vistas a un mejor futuro en nuestro país y en el planeta.