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El camino correcto

Un escenario en que la gran minería privada obtiene grandes utilidades extraordinarias y Codelco enfrenta una crisis que hace algunos meses atrás la tuvo al borde de la insolvencia, no es viable.

Somos un país privilegiado. Contamos con ricos recursos naturales: minerales, clima, agroindustria, turismo y una población educada, trabajadora y responsable. El desafío para la minería es potenciar al máximo su capacidad de crear valor para así aportar parte del financiamiento que requiere el desarrollo del país.

La minería es uno de los sectores claves de la economía chilena. Disponer de tan vastos y ricos recursos mineros no garantiza que sean eficientemente desarrollados. Se requiere, además, contar con tecnología y gestión de excelencia, financiamiento de las inversiones que alimentan el crecimiento y la productividad, ejecutivos y operadores bien preparados y un marco político-institucional que privilegie reglas del juego estables y equitativas.

La minería tiene, entre otras, dos peculiaridades que es importante resaltar. Primero, a diferencia de otros sectores productivos, tiene que crecer para mantenerse competitiva; tiene que sustituir  producción vieja y de alto costo por producción nueva y de bajo costo.

Segundo. La explotación de los recursos mineros genera normalmente utilidades operacionales superiores a las de equilibrio. Estas mayores utilidades no son consecuencia de una mejor gestión, sino que de la escasez relativa y calidad de los recursos a explotarse y de cuánto más favorables sean las condiciones que inciden en los costos y rentabilidad de las operaciones. Cómo se distribuyen las mayores utilidades entre el inversionista y el dueño de los recursos es una variable clave (royalty) para la estabilidad del sector.

En la mayoría de los casos el dueño de los recursos es el Estado (País) y el inversionista o explotador, una gran multinacional minera. En prácticamente todos los países en que existe gran minería de cobre, incluido Chile, los productores pagan royalty, en alguna de sus distintas modalidades.

Hace más de 40 años Chile nacionalizó las empresas que conformaban la gran minería del cobre y luego las fusionó con Codelco, que paso a ser el mayor productor de cobre del mundo. Hoy produce del orden de 1,7 millón de toneladas de cobre fino al año.

El contraste con la expansión de la minería privada es impresionante. A partir del  advenimiento de la Democracia, las mineras multinacionales invirtieron fuertemente en exploración y desarrollo. El resultado fue un rápido y continuo aumento de producción, que a la fecha alcanza un ritmo anual del orden de 4 millones de toneladas de cobre fino.

En Chile no existe un gravamen (royalty) que le permita al Estado recaudar parte significativa de la utilidad extraordinaria que genere la gran minería privada. Son montos cuantiosos; por ejemplo, en 2010 la utilidad extraordinaria puede estimarse en cerca de US$9.000 millones. Si ésta se hubiera compartido por igual entre la industria y el Estado, éste hubiera contado con recursos adicionales por alrededor de US$5.000 millones.

Codelco ha mantenido constante su producción desde 2006 hasta la fecha, porque no ha contado con financiamiento para desarrollar nuevos yacimientos de bajo costo que reemplacen a los actuales en operación. Como consecuencia, sus costos han aumentado significativamente y ha caído la productividad.

Un escenario en que la gran minería privada obtiene grandes utilidades extraordinarias y Codelco enfrenta una crisis que hace algunos meses atrás la tuvo al borde de la insolvencia, no es viable. Para el país es esencial que Codelco pueda destinar parte de sus utilidades a capitalizarse. El camino correcto es compartir las utilidades extraordinarias y crear las condiciones para que Codelco y la gran minería privada puedan desarrollar todo su potencial de creación de valor en beneficio del país.

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