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Tranque el Mauro

Tranques de relaves mineros: La búsqueda de nuevas tecnologías

La búsqueda de otras alternativas de depositación está relacionada con la falta creciente de territorio disponible y con el rechazo de la ciudadanía a convivir cerca de estas estructuras. De ahí que las mineras miren con buenos ojos la posibilidad de estudiar técnicamente los depósitos de relaves submarinos.

Es una relación inversamente proporcional. A medida que las leyes de nuestros minerales descienden, la generación de residuos va en sentido contrario. De acuerdo con las cifras que entrega la Sociedad Nacional de la Minería (Sonami), la producción diaria del sector de cerca de 3.300.000 de toneladas trae consigo la generación de un millón de toneladas de relaves.

El punto es que el depósito de residuos mineros en tranques, embalses y botaderos ha presentado, a lo largo de la historia minera, diversos problemas ambientales y con ello la oposición cada vez más radical de la población. Esto se ha acentuado por la creciente falta de terrenos donde colocar relaves.

Producto de lo anterior, un grupo de compañías mineras está buscando alternativas de gestión de residuos más estables para el futuro.

Una de las opciones que ha generado ruido durante las últimas semanas es la propuesta de analizar la factibilidad técnica de depositar relaves mineros en el fondo marino. Diego Hernández, vicepresidente de Sonami y presidente ejecutivo de Antofagasta plc, solicitó a la Comisión de Medioambiente y Bienes Nacionales del Senado –instancia donde se discute el proyecto que prohíbe verter desechos mineros en el mar– que se realicen estudios técnicos al respecto, ya que esta medida sería clave para el desarrollo de la actividad extractiva en la zona central.

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La herencia que nadie quiere

Los deslizamientos y colapsos que presentaron algunos tranques de relaves abandonados a raíz de episodios climatológicos, como el aluvión en la zona norte y el terremoto de 2010, han dejado entrever la carencia de estándares con que fueron construidas dichas estructuras y la necesidad de establecer estudios para determinar con precisión cuántos son y dónde están.

Leyla Weibel, geóloga de la consultora Taypy, explica que antiguamente cualquier minera podía instalar un tranque donde estimara conveniente, porque no había una normativa que reglamentara sobre la forma y lugares de construcción de estos depósitos.

El problema de los tranques inactivos es que nadie se hace cargo. La especialista hace notar que sólo se ha hecho un catastro de pasivos y faenas mineras abandonadas, cuyas instalaciones no están asociadas a un dueño, y agrega que si bien existe una evaluación sobre el nivel de riesgo de estas instalaciones, ella no es suficiente, porque no se difunde ni se toman las acciones para notificar o generar un mapa de riesgo de cuáles serían las zonas que se verían afectadas si un relave se desprende.

Esta visión es compartida por el Centro Nacional del Medio Ambiente (Cenma), desde donde se señala que de los 268 tranques abandonados identificados, sólo el 5,6% ha sido estudiado, debido principalmente a la falta de financiamiento.

La Dra. Isel Cortés, jefa del Laboratorio del Cenma, indica que el avance en los estudios de los antiguos relaves es muy lento y ello hace que personas puedan estar viviendo cerca de lugares contaminados y no lo sabemos.

Para los especialistas, una política de Pasivos Ambientales Mineros (PAM) debería apuntar a una remediación independiente para sitios abandonados, la cual permita no solamente conocer y mejorar dichos espacios, sino también darles un uso específico.

Tranques operativos

A partir de 1990 la construcción de tranques de relaves se guía por mayores estándares de seguridad, debido a la vigencia de diversas normativas, como la Ley 19.300 sobre Bases Generales del Medio Ambiente, el Reglamento de Seguridad Minera y el Reglamento para la Aprobación de Proyectos de Diseño, Construcción, Operación y Cierre de Depósitos de Relaves, que comenzaron a incluir conceptos de estabilidad física en los tranques, botaderos y ripios.

Además, junto con la vigencia de la Ley 20.551 que regula el Cierre de Faenas e Instalaciones Mineras, se norma la generación de pasivos ambientales mineros. El abogado Julio Lavín, especialista del estudio Jara del Favero Abogados, destaca que a partir de 1990, y principalmente desde 2000, las normativas con la que se construyen las estructuras mineras tienen un grado mayor de seguridad. Sin embargo, en caso de ocurrir un accidente, existe un responsable mucho más cercano. “En este caso, un particular afectado puede demandar no sólo a la empresa sino también al Estado, porque no exigió una mayor seguridad respecto al tema“, aclara.

Sin embargo, donde hay mayor atención respecto de los relaves activos es sobre su estabilidad química, dadas las posibles filtraciones o percolaciones que pueden generarse y, con ello, la contaminación de las napas subterráneas. La Ley 20.551 se hace cargo de esta situación, ya que los programas de cierre deben resguardar dichos riegos.

La alternativa submarina

Con experiencias diversas en países como Canadá, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Filipinas y Noruega, el uso de depósitos de relaves submarinos comenzó en la década de 1970 a nivel mundial.

Bernhard Dold, director de Sustainable Mining Research & Consult (Surmirco), explica que anteriormente se depositaban relaves a nivel superficial o a orilla de mar; sin embargo, debido a la contaminación ambiental que esta alternativa significa, hoy el depósito en el fondo del mar (en condiciones reductoras constantes) es visto como una opción más segura, debido a que se piensa que los minerales de sulfuro son geoquímicamente más estables en estas condiciones.

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Si estos minerales son depositados en un ambiente reductor, que serían los fondos marinos a determinada profundidad, se evitaría ese problema, dice, ya que no se oxidarían, pues existen estudios que indican que a ciertas profundidades el oxígeno no penetra.

Leyla Weibel indica que en los primeros 150 metros de profundidad se genera la mayor actividad biológica, y a medida que se desciende existe una menor penetración de oxígeno.

En contraste, hay algunas experiencias de óxidos depositados en el fondo marino, que no son estables en ambientes reductores y, por lo tanto, liberan metales que han provocado alteraciones en la flora y fauna.

Para los expertos, la depositación de los relaves en el fondo marino puede ser una buena alternativa desde el punto de vista social, porque no serían visibles. Pero desde el punto de vista físico y químico requiere el mismo nivel de estudios que los depósitos tradicionales, ya que existen variables que se desconocen o fenómenos que no están muy bien documentados.

Cabe señalar que éste y otros temas relacionados con este ámbito del quehacer minero serán abordados en el 3er Seminario Internacional en Gestión de Relaves, Tailings 2015, que se realizará entre el 19 y 21 de agosto en el Hotel Grand Hyatt, y que incluirá una visita técnica al tranque El Mauro, de Los Pelambres. El seminario es organizado por la Universidad de British Columbia y Gecamin, y está presidido por Sergio Valdebenito, gerente de Plantas y Relaves de Los Pelambres. Más información en gecamin.com/tailings/.