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Revista Minería Chilena Nº452

febrero de 2019

Se consolida el uso de agua de mar en la minería 

El recurso marino surge como una alternativa ante la mayor demanda hídrica que impulsa el tratamiento de los sulfuros y la caída en las leyes de mineral, lo que también impactará en los niveles de consumo eléctrico de las compañías.

El cambio en la matriz de producción de cobre en Chile, que se orienta al aprovechamiento de los minerales de sulfuros, impactará en los volúmenes de consumo hídrico de la industria, debido a que el proceso de flotación es mucho más intensivo en el uso de agua; así lo proyecta el último informe de la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco) para el período 2018-2029.

Junto con ello, se señala que la caída en las leyes de los yacimientos hará necesario un mayor volumen hídrico para obtener una tonelada de cobre fino, debido a que se requerirá procesar más cantidad de mineral, demanda adicional que será cubierta principalmente por medio del uso de agua mar.

Es así como se estima que el consumo de agua de origen continental alcance los 14,53 m3/s en 2029, lo que representa un aumento de 12% respecto de lo calculado para 2018. En el caso del agua de mar, se observa un crecimiento con una tasa promedio de 12,2% anual, alcanzando a 10,82 m3/s a 2029, lo que implica un incremento de 300% en diez años.

Se espera que a 2029 el agua de mar represente un 43% del recurso hídrico requerido por la minería del cobre a nivel nacional, una situación donde tendrá un rol gravitante la Región de Antofagasta, particularmente entre 2019 y 2024, periodo en el cual se espera la puesta en marcha o ampliación de varias plantas desaladoras, como la del Distrito Norte de Codelco, la ampliación de tuberías para el Distrito Centinela de Antofagasta Minerals y el uso de agua de mar para la expansión de Sierra Gorda de KGHM. Éstas se suman a la desaladora de Escondida EWS, inaugurada a principios de 2018.

Por su parte, Atacama tendrá un crecimiento relevante a partir de 2023, destacando los proyectos Santo Domingo, de Capstone Mining; Nueva Unión de Goldcorp y Teck, y Productora de Hot Chili. Todos ellos consideran uso de agua de mar.

Por proceso

Al analizar el consumo hídrico según proceso minero, se espera que a 2029 el agua continental para el procesamiento de concentrados alcance el 53%, la producción de cátodos el 4%, y otros el 28% (5% en mina y 23% en servicios), mientras fundición y refinería representará el 15%.

En contrapartida, se proyecta que más de un 86% del agua proveniente del océano sea destinada al tratamiento de sulfuros para la producción de concentrados.

El uso de agua de mar implicará un aumento en el consumo de energía eléctrica, desde 0,8 TWh (3,6%) en 2018 a 3,1 TWh (9,6%) en 2029.

Energía para la industria

Junto con el agua, la energía es otro insumo de gran relevancia para la industria cuprífera, proyectándose que su demanda aumentará un 41% en los próximos diez años, según las estimaciones de Cochilco. Esto, debido a factores vinculados con el envejecimiento de las minas, la mayor distancia de acarreo y la dureza del mineral, junto a la caída de leyes, entre otros.

Se prevé entonces que el consumo de electricidad en la minería del cobre crecería desde 22,6 TWh hasta 31,9 TWh (~2,9% promedio anual) entre 2018 y 2029.

Sin embargo, se estima un aumento relativamente alto a 2020 de 22,6 TWh a 26,5 TWh (~8,3% promedio anual), para luego moderarse hasta 2024 (~3,8%) y estabilizarse hacia 2029 (~0,7%), llegando a 31,9 TWh.

En el estudio se destaca además que, con miras a satisfacer el consumo eléctrico de la minería del cobre durante el periodo analizado, se requeriría agregar una capacidad de generación eléctrica de 1.336 MW.

Junto con ello, se hace hincapié en los procesos productivos que tendrán un mayor impacto energético para las compañías, siendo el más relevante el de la concentradora, que con 13,1 TWh a 2018 representa el 57,8% del total. Esta relación es creciente en el tiempo, llegando a 21,2 TWh hacia 2029, correspondiente a 66,6%, debido a que gran parte de los proyectos de expansión y los greenfield priorizan la producción de concentrados de cobre y también a menores leyes, lo que implica la necesidad de procesar una mayor cantidad de mineral.

Asimismo, el informe de Cochilco da cuenta de que el uso de agua de mar implicará un aumento en el consumo de energía eléctrica, desde 0,8 TWh (3,6%) en 2018 a 3,1 TWh (9,6%) en 2029. Con esto, se proyecta que a fines del periodo el agua de mar, considerando actividades como la desalinización y/o el bombeo, será el proceso de mayor intensidad en consumo energético después de la concentradora.